Las
Fuentes
de
Tejares,
como
ya
hemos
dicho,
se
encuentran
(si
nos
referimos
a
su
ubicación
principal,
más
reconocida
y
ancestral),
a
unos
250
metros
del
pueblo,
siguiendo
el
consecuentemente
denominado
«Camino
de
la
Fuente».
Probablemente
alguna
de
estas
fuentes
date
de
la
época
medieval,
ligada,
como
parece
lógico,
al
propio
surgimiento
del
emplazamiento
poblacional,
que
se
remonta
al
siglo
XII
-a
falta
de
otros
descubrimientos
que
puedan
dar
fe
de
asentamientos
anteriores
e
incluso
primitivos,
que de todo puede haber-.
En
principio,
probablemente
hubiera
una
única
fuente
pública,
que
manaba
agua
suficiente
para
satisfacer
las
necesidades
de
una
reducida
población.
En
el
siglo
XIX,
se
habla
ya
de
tres
fuentes.
Y
a
finales
de
la
década
de
los
sesenta,
en
el
siglo
XX,
se
tiene
constancia
de
la
existencia
de
alrededor
de
una
docena
de
fuentes,
sólo
tres
de
ellas
públicas,
las
dos
antiguas
y
el
pozo
moderno.
En
esta
época,
Tejares
cuenta
también
con
varias
fuentes
en
la
zona
denominada
El
Alforjal,
lugar
del
que
parte
el
camino
hacia
la
Serranilla.
Vamos
a
concretar
su
ubicación
en
esos
dos
emplazamientos
y
a
realizar
un
somero
inventario,
a
la
luz
de
los
datos
que
nos
han
podido
transmitir
y
confirmar
los
más
longevos
de
Tejares,
así
como
la
información
obtenida
de
la
exploración
de
ambas
zonas
de
fuentes
en
la
actualidad.
La
nomenclatura
no
pretende
ser
una
identificación
de
propietarios
-que
a
día
de
hoy
algunos
son
desconocidos
o
dudosos-,
sino
que
se
hace
simplemente a efectos de denominación tradicional, ubicación y referencia.
Vestigios
Curiosas
fotos
aéreas
que
proceden
del
denominado
«Vuelo
Americano»
-en
realidad
dos
vuelos,
uno
de
Serie
A
realizado
en
1946
y
otro
de
Serie
B,
que
se
hizo
10
años
después-
y
que
nos
ofrecen
unas
panorámicas
sorprendentes
y
muy
esclarecedoras
de
la
evolución de la zona de las Fuentes.
Aunque
no
cuentan
con
una
alta
resolución,
nos
permiten
distinguir
la
evidente
transformación
de
la
zona,
con
la
progresión
desde
las
apenas
tres
bocas
de
manantiales
bien
evidentes
en
1946
-si
bien
parece
distinguirse
también
alguna
construcción
incipiente-,
a
la
decena
de
fuentes
existentes
en
1956
-alguna
de
ellas
puede
que
entonces
todavía
en
proceso
de
excavación-,
coincidiendo
precisamente
con
una
primera
oleada
de
expansión
urbanística
y
poblacional
de
Tejares,
según
se
puede
deducir
de
la
comparación de sus cascos urbanos.
Debajo, algunas fotos aéreas de la zona en años posteriores.
Se
puede
ir
pinchando
en
cada
una
de
las
fotografías
-se
sugiere
seguir
el
orden
indicado-, para acceder a más información y a fotos de cada una de las fuentes.
Foto Vuelo Americano Serie A 1946
Foto Vuelo Americano Serie A 1946
Serie A 1946
Foto Vuelo Americano Serie B 1956
Foto Vuelo Americano Serie B 1956
Serie B 1956
Foto Vuelo Interminesterial 1979
Foto Vuelo Nacional 1984
Foto Vuelo Quinquenal 2002
Foto Vuelo PNOA 2005
Cuando
hablamos
de
Fuentes
de
Tejares,
no
podemos
obviar
esta
otra
sorprendente
zona
de
la
localidad,
en
la
que,
en
su
día,
se
ubicaron
al
menos
hasta
cuatro
excavaciones.
Hoy
día
dos
de
ellas
se
encuentran
totalmente
derruidas
y
ni
siquiera
se
puede
asegurar
con exactitud por dónde se realizaba el acceso.
Pero
hay
varios
aspectos
de
ellas
que
llaman
poderosamente
la
atención.
Por
un
parte,
en
estas
fuentes
el
agua
ha
emergido
incluso
a
menos
profundidad
que
en
la
otra
zona
y
lo
que
es
todavía
más
curioso,
en
una
época
de
gran
sequía
como
la
que
atravesamos,
alguna
de
ellas
mantiene
un
nivel
de
caudal
en
pleno
agosto
bastante
considerable
(teniendo
en
cuenta,
eso
sí,
que
no
se
hace
uso
ninguno
de
este
agua;
vamos,
que
no
hay
consumo,
pero
igualmente
ocurre
en
la
otra
zona
de
fuentes
y
allí
sí
se
agotan
todas
actualmente
en
pleno
agosto).
El
otro
aspecto
curioso
y
significativo
es
que
estas
fuentes
son
prácticamente desconocidas para buena parte de los nacidos en Tejares.
Podemos apreciar en las fotos aéreas la evolución de las construcciones en esta zona.
Foto 1946
Foto 1956
Foto 1979
Foto 2002
La
zona
del
Alforjal
alberga,
además,
algunos
restos
de
fuentes
que
nos
invitan
a
una
pequeña investigación.
Parece
que
queda
documentada,
por
los
testimonios
de
los
más
viejos
del
lugar,
la
existencia
de
una
fuente
en
la
bifurcación
del
camino
de
la
Villa
hacia
el
Colpardo,
justo
al
final
de
la
zona
norte
de
las
eras,
que
el
pueblo
conocía
con
la
denominación
específica
de
Alforjal
Mayor
(el
Camino
de
Fuentidueña
era
el
que
marcaba
la
división
en
dos
zonas,
conociéndose
la
zona
sur
como
Alforjal
Menor).
De
esta
fuente,
que
al
parecer
perteneció
a
la
familia
Carreras,
sólo
queda
bien
visible
la
pared
de
contención,
en
la
que
a
simple
vista
no
se
distingue
la
situación
de
la
entrada,
que
fue
sellada
hace
años.
Parece ser que también era bodega.
Apenas
iniciada
la
senda
del
Colpardo,
a
mano
izquierda,
se
distingue
claramente
la
entrada
a
la
fuente-bodega
de
Victoriano,
el
Cartero.
En
la
actualidad,
ha
sido
prácticamente
rellenada
con
escombros,
aunque
todavía
se
la
puede
recorrer,
casi
en
su
totalidad,
reptando.
De
la
observación
detallada
de
la
misma
se
deduce
que
fue
fuente
y
no
bodega
y
no
de
mucha
profundidad,
en
consonancia
con
el
resto
de
fuentes
de
la
zona, que han necesitado de escasa profundización para dar con la veta de agua.
Llaman
la
atención
otros
amontonamientos
de
grandes
piedras
en
diferentes
puntos
de
esta
zona
(señalados
en
la
foto),
así
como
coloraciones
extrañas
en
las
fotos
aéreas
antiguas,
que
podrían
responder
a
otras
construcciones
o
vestigios
relacionados
con
la
búsqueda del preciado agua.
Finalmente,
incluiríamos
en
esta
segunda
sección
de
Fuentes
del
Alforjal
los
dos
pozos-fuente
que
existen
en
la
que
fuera
Posada
de
Bernardo
Bravo
y,
después,
a
partir
de
los
años
70
del
pasado
siglo,
residencia
y
tenada
de
Felipe
y
Rufina.
El
pozo
primitivo,
hoy
tapado
con
una
pesada
losa
para
evitar
accidentes
en
el
tránsito,
era
el
que
surtía
de
agua
a
ganaderos
y
ganado
que
hacían
parada
antiguamente
en
la
Posada,
en
su
camino
a
las
ferias
de
Aranda.
El
pozo
nuevo,
datado
en
1948
-como
consta
en
su
brocal-,
fue
dotado
de
una
bomba
distribuidora
y
surtió
de
abundante
agua
para
la
atención
del
ganado
durante
muchos
años.
Actualmente,
hemos
podido
comprobar
que
cuenta
con
bastante
caudal
y,
como
en
el
resto
de
fuentes
de
esta
zona,
no
fue
necesario
profundizar
mucho
para
obtener
el
líquido
elemento.
Cuando
se
construyó
-nos
relatan
los
hijos-,
Bernardo
llegó
a
determinada
profundidad
y
no
pudo
seguir,
porque
aparecío
una
gran
masa
de
roca.
Aprovechando
que
trabajaba
en
la
cantera
que
había
en
el
pueblo,
utilizó
unas
grandes
brocas
con
las
que
consiguió
horadarla
y
que
brotará
al
agua
en
gran
cantidad.
Esta
fuente
le
fue
expropiada
durante
un
determinado
tiempo,
para
atender
las
necesidades
del
municipio y las familias que en él vivían.
Finalmente,
hay
constancia,
por
los
testimonios
de
la
gente
mayor,
que
Ignacio
contaba
con
otro
pozo-fuente,
ahora
totalmente
desaparecido,
en
una
cerca-huerta
que
tenía
en
el
principio
del
camino
hacia
las
naves,
que comunica con los caminos de Pecharromán y de la Cruz del Tolín.
Las
Fuentes
de
Tejares
probablemente
constituyan,
al
margen
de
la
singularidad
y
excepcionalidad
de
su
formación
y
construcción,
el
mayor
legado
patrimonial
de
esta
localidad,
por
su
valor
natural,
histórico,
cultural
y
etnográfico.
Las
Fuentes
de
Tejares
merecerían
una
investigación
en
profundidad
y
un
análisis
exhaustivo,
que,
sin
lugar
a
dudas,
nos
ofrecería
información
sumamente
interesante
sobre
usos
y
costumbres
de
nuestros
antepasados,
pero,
además
y
lo
que
es
más
importante,
un
testimonio
sin
igual
de
la
evolución
de
la
civilización
humana,
de
la
climatología
y
del
entorno
natural
y
social.
E
incluso,
de
ese
experto
estudio,
cabría
esperar
alguna
grata
sorpresa
arqueológica
y
científica.
Sin
embargo,
hoy
día
las
Fuentes
de
Tejares
presentan
un
lamentable
e
incomprensible
estado
de
abandono
y
deterioro,
que
puede
suponer
en
poco
tiempo
su
definitiva
desaparición,
lo
que
supondría
una
auténtica
desgracia.
Sería
necesario
conseguir
de
las
Instituciones
Públicas
un
plan
de
mantenimiento,
en
coordinación
con
sus
propietarios,
que
deberían
cederlas
al
patrimonio
público
y
cultural
de
la
localidad
y
de
la
provincia
(si
bien,
por
su
estado
de
abandono,
la
mayoría
pudiera
considerarse
ya
de
titularidad
pública).
El
plan
debería
comenzar
por
su
cerramiento
-aunque
sólo
fuera
por
el
riesgo
que
suponen
ahora
mismo
para
cualquiera
que
se
meta
en
ellas-
y
su
catalogación,
estableciendo,
a
continuación
y
urgentemente,
un
protocolo
de
especial
protección
para
su
conservación,
así
como
sus
posteriores rehabilitación y metódico estudio.
Las
Fuentes
de
Tejares
ocupan
un
apartado
en
la
publicación
de
PRODESTUR
que
tiene
por
título
«EL
AGUA
EN
TIERRA
DE
PINARES.
2017-2018»,
que
recoge
información
sobre
la
calidad
del
agua
de
las
fuentes
naturales
(incluidos
manantiales
y
pilones)
pertenecientes
a
los
municipios
de
la
Comarca
de
Tierra
de
Pinares.
En
este
libro,
editado
por
la
Diputación
de
Segovia,
se
hace
la
siguiente
apreciación
en
referencia
a
la
Fuente
Antigua
de
Tejares:
«de
todas
las
fuentes
que
nos
hemos
encontrado
a
lo
largo
de
este
proyecto,
es
la
más
curiosa
en
cuanto
a
su
forma
y
su
arquitectura».
Además,
los
autores
se
lamentan
de
que
las
Fuentes
de
Tejares
sean
poco conocidas.
La
normativa
de
referencia
de
Castilla
y
León
sobre
este
tipo
de
construcciones
ubicadas
en
suelo
rústico
queda
recogida
en
el
Decreto
22/2004,
de
29
de
enero,
por
el
que
se
aprueba
el
Reglamento
de
Urbanismo
de
Castilla
y
León.
En
su
artículo
30
define
los
criterios
de
clasificación
como
suelo
rústico,
refiriéndose
en
concreto
en
el
apartado
30.b
a
un
criterio
de
valor
intrínseco
que
define
como
“los
terrenos
que
presenten
manifiestos
valores
naturales,
culturales
o
productivos
que
justifiquen
la
necesidad
de
protegerlos
o
de
establecer
limitaciones
a
su
aprovechamiento.
A
tal
efecto
debe
tenerse
particularmente
en
cuenta
lo
dispuesto
en
el
artículo
17,
y
deben
entenderse
como
merecedores
de
protección
los
valores
ambientales,
ecológicos,
geológicos,
litológicos,
paisajísticos,
científicos,
educativos,
históricos,
artísticos,
arqueológicos,
etnológicos,
turísticos,
recreativos,
deportivos,
agrícolas,
ganaderos,
forestales
y
de
riqueza
natural,
así
como
las
formas
tradicionales
de
ocupación
humana
del
territorio,
los
paisajes
resultado
de
procesos
seculares
de
transformación
humana
del
medio
físico
y
las
construcciones
e
instalaciones
vinculadas
a
la
utilización
de
los
recursos
naturales”.
Y
en
el
apartado
siguiente,
30.c,
alude
a
un
criterio
de
recuperación
de
valores
que
viene
como
anillo
al
dedo:
“terrenos
que,
habiendo
presentado
en
el
pasado
alguno
de
los
valores
citados
en
la
letra
anterior,
deban
protegerse
para
facilitar
o
promover
su
recuperación,
o
para evitar una mayor degradación”.
Para
mayor
esclarecimiento
y
concreción,
el
artículo
33
define
lo
que
se
puede
considerar
como
suelo
rústico
de
asentamiento
tradicional
especificándose
que
“pueden
incluirse
en
la
categoría
de
suelo
rústico
de
asentamiento
tradicional
los
terrenos
que
se
estime
necesario
proteger
para
preservar
las
formas
tradicionales
de
ocupación
humana
del territorio que no se emplacen en suelo urbano, entendiendo incluidas las siguientes:
a)
Los
elementos
de
arquitectura
tradicional
propios
del
suelo
rústico,
tales
como
aceñas,
apriscos,
batanes,
bodegas
,
brañas,
cabañas,
casas
de
teito,
casetas
de
era,
de
pozo
y
de
viña,
chozos,
cortines,
esquileos,
fuentes
,
guardaviñas,
hórreos,
invernales,
majadas,
molinos,
palomares,
paneras,
refugios,
tenadas
y
otros
análogos,
tanto
aislados
como agrupados.
b)
Las
alquerías
y
otros
núcleos
situados
en
el
interior
de
dehesas,
conjuntos
monásticos desafectados y otras grandes explotaciones agropecuarias.
c) Los núcleos vinculados al servicio de las cañadas reales y demás vías pecuarias.
d) Las zonas en las que se constate la existencia histórica de poblamiento disperso.
e) Los núcleos de población abandonados, deshabitados o sin población permanente.”
Finalmente,
el
artículo
61
establece
el
régimen
del
suelo
rústico
de
asentamiento
tradicional,
indicándose
que
“en
suelo
rústico
de
asentamiento
tradicional
los
instrumentos
de
ordenación
del
territorio
y
planeamiento
urbanístico
deben
establecer
el
régimen de protección adecuado, señalando:
a)
Como
usos
permitidos,
los
que
sean
característicos
y
tradicionales
del
asentamiento.
b)
Como
usos
sujetos
a
autorización,
los
que
guarden
relación
directa
con
las
necesidades
de
la
población
permanente
o
estacional
del
asentamiento,
incluidas
las
construcciones
e
instalaciones
necesarias
para
la
obtención
de
los
materiales
de
construcción característicos del propio asentamiento.
c)
Como
usos
prohibidos,
los
incompatibles
con
la
protección
del
asentamiento
y
en
general todos los no citados en los artículos 56 y 57.
d)
Las
demás
limitaciones,
normas
y
criterios
que
procedan
para
asegurar
la
adaptación
de
las
construcciones
e
instalaciones
a
las
características
particulares
del
asentamiento,
así
como
para
que
sólo
puedan
realizarse
divisiones
o
segregaciones
de
fincas
respetando
lo
dispuesto
en
el
artículo
53
y
permitan
conservar
las
características
particulares del asentamiento.
Camino de la Fuente
Camino de la Fuente
Camino de la Fuente
Camino de la Fuente
3