Respecto
a
las
dos
fuentes
que
faltan
de
este
primer
lote,
una
es
más
reconocible
a
pesar
de
su
deterioro
(la
de
Ignacio
-se
verá
después-)
y
la
otra
es
esta,
que
prácticamente
es
imperceptible,
si
no
sabes
que existe o haces un análisis exhaustivo del terreno.
La
llamamos
de
momento
«la
fuente
incógnita»,
porque
nadie
ha
sabido
darnos
referencias
exactas
de
a quién pudo pertenecer.
De
ella,
apenas
queda
un
ligero
desnivel
lleno
de
algunas
de
las
piedras
que
conformarían
sus
paredes
y
bóveda,
y
un
enigmático
y
atractivo
boquete
que
da
acceso a una caverna sorprendente.
Pero, vamos por partes.
En
primer
lugar,
resulta
muy
curioso
llevar
a
cabo
una
comprobación
visual
de
los
cambios
de
fisonomía
que
se
han
ido
produciendo
a
lo
largo
de
los
años
en
esta
zona
que
la
gente
del
pueblo
conoce
como
El
Alforjal
y
que,
en
mapas
de
diverso
cariz,
aparece
con
diferentes denominaciones, como Las Veguillas, Las Casas y El Cerro.
Aunque
las
fotos
aéreas
que
aportamos
no
son
de
una
gran
calidad,
nos
permiten
extraer
algunas
conclusiones
que
nos
ayudarían
a
clarificar
la
identificación
de
fuentes
que queremos realizar.
Tras
un
análisis
en
profundidad
de
las
fotografías,
trataré
de
concretar
las
deducciones,
más
que
comprobaciones,
a
las
que
personalmente
he
llegado,
con
toda
la
modestia
y
admitiendo
que
puedo
estar
perfectamente
equivocado,
a
falta
de
documentos
fiables
o
testimonios
precisos.
En
primer
lugar,
al
menos
tres
de
las
fuentes
catalogadas
actualmente
en
la
zona
El
Alforjal
ya
aparecen
en
las
fotos
de
finales
de
los
años
40
del
siglo
pasado,
una
de
ellas
la
«fuente
incógnita».
Además,
parece
que
se
distinguen
varias
localizaciones
susceptibles
de
ser
o
haber
sido
fuentes
o
bodegas,
aunque
a
día
de
hoy
no
exista
ningún
rastro
ni
resto
aparente.
No
es
extraño,
porque,
si
nos
fijamos
bien,
podemos
descubrir
un
pequeño
cercado
de
piedra
que
sobresale
hacia
las
tierras
de
labor,
en
el
medio
de
dos
pequeñas
parcelas,
que
pertenecían
a
la
Sra.
Josefa
Pascual.
Pues
bien,
se
tiene
constancia
testimonial
de
que
en
esas
pequeñas
parcelas
la
Sra.
Josefa
tenía
«una
bodega»
de
la
que
hoy
no
queda
ni
el
más
mínimo
rastro.
Con
las
modificaciones
de
fincas
que
se
produjeron
tras
la
implantación
de
la
Concentración
Parcelaria
en
Tejares,
el
cercado
y
las
dos
pequeñas
parcelas
quedaron
asimiladas
a
la
finca
principal
que
se
generó.
Sin
embargo,
como
ocurrió
y
sigue
ocurriendo
actualmente
con
estas
beneficiosas
concentraciones,
a
muchos
propietarios,
sobre
todo
de
cierta
edad,
les
cuesta
asimilar
determinados
cambios
y
siguen
reclamando
tras
el
proceso
algunas
antiguas
posesiones
como
propias,
sin
comprender
que
su
cabida
y
su
valor
se
han
trasladado
a
otras
parcelas
concentradas
a
su
nombre.
De
esta
manera,
queda
certificada
su
existencia,
porque,
según
algunos
testimonios,
la
Sra.
Josefa
se
metía
a
menudo
en
la
bodega
-con
una
pelliza
para
no
enfriarse-,
con
intención
de
proteger
y
reivindicar
sus
antiguas
fincas
y
su
bodega
existentes
en
este
lugar.
Y
probablemente
no
le
faltaría
razón,
ya
que,
dependiendo
de
los
casos,
se
respetaban
los
usos
y
la
propiedad
de
pequeñas
parcelas
de
«especial
naturaleza
o
emplazamiento»,
como
ocurrió
con
varios
pequeños
majuelos
y
podría
haber
sido
el
caso de este cercado que contenía una bodega.
Una
anécdota
sin
más,
pero
que
al
principio
me
hizo
sospechar
si
acaso
la
«fuente
incógnita»
no
fuera
sino
el
tramo
final
de
la
bodega
de
la
Sra.
Josefa.
Lo
descarté
finalmente,
sobre
todo
a
raíz
de
la
exploración
realizada
introduciéndome
por
el
misterioso
boquete,
ya
que
tendría
que
haber
sido
larguísima
y
desviarse
en
exceso
en
su
trazado
longitudinal;
por
otra
parte,
no
se
adecuaría
para
nada
a
los
lógicos
desniveles
para
alcanzar
el
subsuelo
y
a
los
vestigios
de
revestimiento
de
piedra
que
se
descubren en el interior de la caverna.
Pero,
antes
de
desvelar
los
pormenores
de
esta
apasionante
exploración
a
través
del
enigmático
boquete,
haré
un
poco
de
historia
sobre
El
Alforjal.
Según
cuenta
mi
padre.
Alfredo
Alonso
Barbudo,
en
sus
incompletas
«Memoria
de
Tejares,
mi
pueblo»,
de
las
que
voy
extrayendo
oportunas
e
inopinadas
pinceladas,
mi
abuelo
Cipriano
le
transmitió
que
El
Alforjal
era
una
zona
de
propiedad
municipal,
que
se
utilizaba
como
prado
comunal.
Se
mantenía
durante
un
tiempo
vedado
para
que,
llegado
el
mes
de
mayo,
todo
el
pueblo
llevase
allí
el
ganado
a
pastar,
ya
que
«era
una
zona
muy
mielguera».
La
mielga
(también
llamada
alfalfa,
cuando
se
cultiva)
es
una
planta
herbácea
silvestre
de
raíz
profunda
y
cepa
semileñosa,
con
multitud
de
tallos,
hojas
compuestas-trifoliadas
de
verde
oscuro
intenso
y
flores
pequeñas
de
color
rosáceo
a
violeta,
agrupadas
en
racimos.
Las
mielgas
son
muy
apreciadas
para
alimentar
al
ganado.
Recuerdo
a
mi
abuela
Lucía,
que
criaba
conejos,
recorrerse
las
cunetas
y
revillas
para
traer
grandes
brazadas
de
mielgas
para
ellos
(así
estaban
de
ricos
los
condenados).
Siguiendo
con
la
narración,
cuenta
mi
padre
que,
en
la
década
de
los
40
del
siglo
pasado,
decidieron
repartir
El
Alforjal
entre
todas
las
familias
de
Tejares,
para
lo
que
dividieron
el
prado
en
suertes
(muy
pequeñitas,
por
supuesto,
para
tener
para
todos)
y
dieron
una
a
cada
familia.
Algunas
familias
las
conservaron,
otras
decidieron
venderlas
y
otras,
bien
por
acuerdos
o
como
producto
de
una
compra,
lograron
juntar
varios
trozos
y
componer
parcelas
de
cierta
enjundia.
El
Alforjal,
al
ser
atravesado
por
el
Camino
de
Fuentidueña,
daba
lugar
a
dos
zonas
diferentes,
que
los
tejareños
conocían
como
Alforjal
Mayor
(al
norte) y Alforjal Menor (al sur).
En
consonancia
con
esta
evolución
histórica
de
la
zona,
mi
teoría
es
que,
como
ya
existían
algunas
excavaciones
con
las
que
se
había
comprobado
la
existencia
de
agua
a
escasa
profundidad,
algunos
de
los
nuevos
propietarios
utilizaron
su
suerte
(parte)
para
probar
suerte,
valga
la
redundancia,
y
hacerse
con
una
fuente
de
uso
particular
y
así
tener
agua
-el
maná,
el
verdadero
oro
líquido
de
Tejares-
también
en
verano.
De
ahí,
la
alineación
contigua
y
paralela
de
las
fuentes
encontradas
y
descritas,
aprovechando
cada uno su pequeño trozo adjudicado.
Pues
bien,
vayamos
a
la
aventura.
Alertado
en
este
caso
por
Agustín
-uno
de
los
pocos
Tejareños
que
era
totalmente
consciente
de
la
existencia
de
varias
fuentes
en
esta
zona-
de
que
sin
lugar
a
dudas
había
otra
fuente
entre
las
dos
más
visibles,
hasta
completar
las
cuatro
fuentes
inventariadas,
me
dispuse
a
buscarla.
Agustín
Blanco,
todo
sea
dicho
de
paso,
además
de
ser
muy
buena
gente,
es
hoy
por
hoy
otro
de
los
ya
pocos
Tejareños
que,
por
su
mayor
conocimiento
de
causa
y
por
tener
una
muy
buena
memoria,
mejor
puede
informarte
de
los
avatares,
andanzas
e
historia
del
pueblo.
En
fin,
que,
aunque
la
primera
exploración
visual
no
hacía
albergar
muchas
esperanzas,
como
puede
comprobarse
por
las
fotos
que
acompañan
en
la
parte
superior,
tiré
de
azada
-mi
apero
favorito
y
que
me
acompaña
casi
siempre-
y
limpié
las
inmediaciones.
Tras
el
desbroce,
ya
aparecieron
algunos
claros
indicios
y
en
concreto
una
boca
de
lo
más
extraño.
Después
de
limpiarla,
pude
meter
la
cabeza
y,
asomándome,
descubrir
que
en
su
interior
se
adivinaba
más
que
los
restos
de
un
túnel,
la
existencia
de
una
auténtica
caverna
de
considerables
dimensiones.
No
quedaba
más
remedio
que
hacer
de
tripas
corazón
y
adentrarse,
reptando,
en
el
interior
de
esta
auténtica
cueva.
Y
desde
luego,
no
decepciona
en
absoluto.
Es
una
cavidad
de
lo
más
sorprendente,
si
bien
las
fotos
no
hagan
justicia,
porque
es
difícil
moverse
en
este
espacio
-tienes
que
ir
arrastrándote
y
a
duras
penas
en
algún
tramo,
a
lo
máximo,
te
puedes sentar- y, en la mayor parte de él, no puedes ni siquiera levantar la cabeza.
Las
conclusiones
de
la
exploración
eran
que,
efectivamente,
nos
encontrábamos
en
la
bóveda final de otra de las fuentes de El Alforjal, esta sin dueño conocido. Todo el cañón de
entrada
estaba
derruido,
pero,
por
suerte,
se
había
abierto
un
agujero
en
el
tramo
final
que
nos
permitía
el
acceso
al
fondo
de
la
misma.
Esta
bóveda
final,
donde
seguramente
estuviera
el
pozo
que
recogía
el
agua
que
manaba,
también
había
sufrido
un
desprendimiento,
fundamentalmente
de
arena
y
algunas
piedras,
hasta
dejar
al
descubierto
una
gran
placa
de
roca,
que
es
la
que
parece
que
se
extiende
por
gran
parte
de
la
zona.
Todavía
podía
observarse
parte
de
las
paredes
de
contención
realizadas
en
la
construcción del túnel de la fuente/bodega y la bóveda final.
Se
trató
de
una
exploración
apasionante
y
encantadora,
aunque,
realizada
por
personas
avezadas
e
instruidas
en
estas
lides
y
materias,
seguramente
hubiera
dado
lugar a revelaciones de mayor enjundia y trascendencia.
Curioso
ha
sido
comprobar
posteriormente
como,
con
las
abundantes
lluvias
de
los
primeros
meses
de
2024,
esta
caverna
se
ha
llenado
también
completamente
de
agua,
que
aparentemente había manado desde su fondo.