Teniendo
en
cuenta
la
descripción
que
hace
Madoz
de
Tejares
a
mediados
del
siglo
XIX
en
su
“Diccionario
Geográfico
Estadístico
Histórico
de
España
y
sus
posesiones
de
Ultramar”,
nos
atrevemos
a
aventurar
que
esta
podría
ser
la
segunda
de
las
tres
fuentes
públicas
de
las
que
habla,
situadas
a
250
pasos
del
núcleo
de
población
y que surtían de agua a los lugareños.
Lo
que
sí
podemos
asegurar
es
que,
a
lo
largo
del
siglo
XX,
la
gente
de
Tejares
acudía
primero
a
la
fuente
histórica,
abierta
durante
todo
el
año,
y,
cuando
esta
se
agotaba,
se
abría
esta
segunda
fuente
histórica
y
del
pueblo
para
el
abastecimiento
general.
El
entorno
de
la
fuente
ha
sido
desbrozado
y
limpiado
recientemente
por
los
operarios
de
la
Comunidad
Villa
y
Tierra
de
Fuentidueña,
por
iniciativa
de
las
autoridades
locales,
recuperándose
para
la
observación
y
visita
de
los
tejareños,
así
como
para
su
estudio
y
la
reivindicación
de
su
alto
valor
patrimonial,
histórico
y
etnográfico.
Abajo,
se
puede ver el estado en el que se encontraba anteriormente.
Esta
Segunda
Fuente
Histórica
está
situada
a
la
derecha
del
Camino
de
las
Fuentes
y
presenta
una
construcción
y
estructura
similares
a
la
primera,
con
boca
abierta
directamente
desde
la
superficie
y
peldaños
que
bajan
hasta
la
poceta.
Igualmente,
está
toda
ella
forrada
y
reforzada
con
bloques
de
piedra,
aunque
presenta
tres
claras
diferencias.
La
primera
de
ellas
es
que
tiene
una
puerta
(ya
henos
comentado
que
permanecía
cerrada
hasta
que
la
primera
fuente
pública
se
agotaba);
otra
particularidad
es
que
el
vaso
de
afloración
y
embalse
tiene
forma
circular;
finalmente,
el
brocal
de
piedra
de
la
antigua
es
en
este
caso
sustituido
por
el
clásico
palo
atravesado
que
servía
de
apoyo
para
coger
el
agua
apilada.
Otra
diferencia
estaría
en
el
techo
que,
en
vez
de
estar
compuesto
por
grandes
sillares
labrados,
parece
formado
a
partir
de
enormes
lanchas escasamente trabajadas.
El
palo
que
se
colocaba
para
el
apoyo
del
pie
y
que
atraviesa
la
poceta
de
retención
del
agua
es
de
enebro
y,
sorprendentemente,
mantiene
en
la
actualidad
su
total
integridad,
lo
que
demuestra
la
durabilidad
y
la
resistencia
de
este
tipo
de
madera.
La
madera de enebro es muy resistente a los insectos y al agua.
En
las
dos
últimas
fotografías
de
febrero
de
2024,
tras
las
lluvias,
se
observa
como
el
agua sube por encima del palo de enebro de la poceta.