A
continuación,
y
siguiendo
una
pared
de
piedra,
llegamos
a
la
Fuente
de
Santiago,
la
única
en
la
que
los
propietarios
han
procedido
a
su
cerramiento,
usando
una
puerta
metálica
moderna,
lo
que,
añadido
a
la
preocupación
por
su
conservación,
hacen
que
esta
fuente-bodega
(en
ella
se
distinguen
perfectamete
sus
dos
funciones)
sea
la
que
presente
hoy
día
una
mejor
presencia
y
la
que
nos
permita
distinguir
perfectamente
la
técnica
típica
de
construcción.
En
primer
lugar,
se
hacía
una
excavación
en
vertical,
reforzando
las
paredes
con
tapial
de
piedra
seca,
que
servía
a
su
vez
para
sujetar
las
dos
grandes
piedras
que,
apoyadas
la
una
en
la
otra
en
forma
de
pico
o
arco
apuntado,
formaban
lo
que
se
denominaba
el
«cañón»,
que
servía
de
acceso a través de varios peldaños de piedra.
Una
vez
hecha
la
perforación
vertical,
se
procedía
a
realizar
la
horizontal,
excavando
en
la
arena
blanda
arcillosa
que,
al
endurecerse
con
el
contacto
con
el
aire,
no
necesitaba
mayor
reforzamiento
estructural
ni
apuntalamiento,
si
bien,
en
algunos
casos,
como
el
de
la
bodega
de
Santiago,
se
podía
forrar
de
piedra
o
se
abovedaba
para
dar
lugar
a
lo
que
se
denominaba
el
«cubo».
Finalmente
la
arcilla
procedente
de
la
excavación
se
echaba
por
encima
de
la
construcción
para
contribuir
a
la
preservación
de
la
temperatura
y evitar costosos traslados a otros lugares.
Por
la
descripción
que
nos
facilitan
algunos
tejareños,
la
fuente
de
Santiago
tiene
poca
profundidad
y
cuenta
con
una
pequeña
lagareta
en
la
parte
izquierda,
así
como
una
gran
cuba,
situándose
la
fuente
a
mano
derecha.
Cuenta
también
en
el
exterior
con
una
gran pila.