La
última
de
estas
fuentes
construidas
en
lo
alto
de
la
vaguada
es
la
que
perteneció
en
su
día
a
María
-conocida cariñosamente como la Tía Botija-.
Es
una
fuente
también
muy
curiosa
por
sus
formas
caprichosas
y
rico
colorido,
que
está,
no
obstante,
bastante
mal
conservada,
sobre
todo
por
la
cantidad
de
arena
que
se
ha
desprendido,
tapando los accesos y la propia pileta del agua.
Sin
apoyo
científico
alguno
y
arriesgándome
a
una
interpretación
poco
rigurosa,
particularmente
me
parece
que
pudo
haberse
aprovechado
una
cueva
previamente
existente
o
haberse
topado
con
ella en el trascurso de la obra de construcción.
Me
parece
una
fuente
muy
interesante,
digna
de
limpieza
y
estudio.
En
sus
alrededores
y
hasta
la
fuente
de
Eusebio,
han
aparecido
en
superficie
diferentes
agujeros
que
denotan
cierta
profundidad,
como
si
conectaran
con
cavidades
interiores
de
otras
fuentes
o
de
posibles intentos fallidos y después tapados.
A
pesar
del
deterioro
que
sufre
y
de
los
desprendimientos,
que
han
provocado
que
el
vaso
haya
desaparecido
bajo
una
gran
masa
de
arena,
es
llamativo
comprobar
como
también
el
agua
termina
aflorando,
conservándose
en
el
fondo
algo
más
que
la
humedad
(foto de febrero 2024).