Durante varios siglos, el agua que surgía de sus fuentes fue el principal modo de abastecimiento para los habitantes de Tejares. Ya hemos comentado que, en determinadas épocas, era especialmente penoso llenar apenas un pequeño cántaro y que, con la llegada del estío o en años especialmente secos -todo ello agravado por el constante aumento de su población-, se hacía necesario recurrir a la Fuente de El Soto, sita en la localidad limítrofe y hermana de Fuentesoto, a la que precisamente daba nombre. Estaba claro que Tejares necesitaba una solución definitiva al problema del agua, acorde con los tiempos y que debía pasar obligatoriamente por la instalación de una red de distribución de agua corriente. «Tener agua corriente» es una expresión antigua que el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define como tener “agua que circula por canales y tuberías, y llega hasta las casas”. Aunque está documentado que el primer sistema de suministro de agua potable a una ciudad completa fue en el año 1804 (construido en Paisley, Escocia, por John Gibb), en Tejares tuvimos que esperar más de siglo y medio para poder contar con agua potable directamente en nuestras casas. Las obras de construcción de la red de abastecimiento y distribución de agua para Fuentesoto y su anejo Tejares se ejecutaron en el año 1969, siendo Constantino de Frutos alcalde de Fuentesoto y Miguel Chico alcalde pedáneo de Tejares. Cuenta José que su padre, Ignacio San José, a la sazón Tesorero del Ayuntamiento en aquella época, llegó a escribir una carta a Manuel Fraga, que éste respondió muy amablemente y que la gestión aceleró la aprobación de las obras. El BOE de 14 de enero de 1969 recogía el anuncio de subasta del Ayuntamiento de Fuentesoto para la contratación de dichas obras, dictado por Resolución de 8 de diciembre de 1968:
De esta manera, Tejares inició la década de los 70 del siglo pasado con un salto significativo a la modernidad, al poder incorporar en sus casas el grifo de agua potable, pasando los cántaros y otros de los utensilios tan utilizados para el acopio de agua, al olvido, el desuso y, en algunos casos, a su utilización como simples piezas decorativas. Con las redes de abastecimiento, surgieron también en nuestros pueblos unas nuevas construcciones necesarias, los depósitos, que, de diferentes formas y tamaños, cambiarían la fisonomía del paisaje y son, a día de hoy, auténticas enseñas en alguna de las localidades rurales. El Depósito del Agua de Tejares fue levantado en las cercanías del pueblo, en el paraje conocido oficialmente como Cerro de las Encinas o popularmente como los Cantuesales, con la función de acumular el agua bombeado desde la Fuente del Soto, a casi cuatro kilómetros de distancia, de modo que, una vez que este agua era debidamente tratado para dotarlo de potabilidad, pudiera distribuirse por la red, aprovechando la presión por altura, y servir así para el abastecimiento de todo el pueblo, en función de la demanda. Hoy en día, el Depósito del Agua de Tejares presenta cierto abandono. Deberíamos recuperar entre todos el entorno y convertirlo en lugar de visita y tránsito. Como curiosidad, la llegada del agua potable a Tejares trajo también una nueva fuente -hoy día ya desaparecida-, en este caso artificial, ya que el proyecto de red de abastecimiento incluía la dotación de un grifo (o caño, como lo llamaban en el pueblo), adosado a un vulgar bloque de cemento -creo recordar que ni siquiera contaba con pilón-, que servía para el uso público. Estaba situado en la parte de arriba del pueblo, cercana a la casa de Florencio, el Granjero, y al arranque del Camino a las Eras. No obstante, con la llegada del agua potable a Tejares no acabarían todos sus problemas. Con el paso de los años, los cortes de agua pasaron a ser una constante y provocaron grandes malestares, así como graves inconvenientes tanto para el normal desarrollo de las actividades habituales y cotidianas en los hogares, como para el regular desenvolvimiento de los negocios existentes. Los cortes se fueron haciendo más frecuentes en las épocas de verano, por el aumento desproporcionado de la población y la imposibilidad de que la bomba que subía agua desde Fuentesoto repusiera cantidad suficiente para cubrir el exceso de demanda. Por otra parte, la Fuente de El Soto empezaba a dar señales de reducción alarmante de caudal en determinadas épocas, por lo que, para alimentar la red de abastecimiento, fue necesario recurrir a otras fuentes de la localidad aledaña, como las fuentes de la Salud y del Jardín, situadas a casi tres kilómetros del núcleo urbano. Estaba claro que había que buscar otra solución para ambas localidades, Fuentesoto y Tejares.