Creo que es justo y necesario que, a la hora de relatar los pormenores de mi vida profesional, se dedique un apartado especifico a reseñar y ponderar la dedicación de un muy precioso y significativo tiempo de esta vida a la formación permanente. Es evidente y unánimemente reconocido que, en cualquiera de las épocas a la que nos refiramos, ningún docente ha podido vivir de las rentas, no se ha podido dormir en los laureles, ni conformarse con el simple montante de una preparación inicial, por muy buena y completa que esta pudiera haber parecido en su momento; y mucho menos en los tiempos que corren. Como dirían Don Sebastián y Don Hilarión en la famosa zarzuela La Verbena de la Paloma, «hoy las Ciencias adelantan que es una barbaridad, es una brutalidad, es una bestialidad», y un docente no puede abandonarse al albur de la inspiración divina, la ciencia infusa o el arte de birlibirloque. Para poder estar al día y responder a las exigencias de un mundo cambiante, en continuo avance y transformación, es preciso que los docentes nos formemos de una manera continua. En mi caso, podría diferenciar dos grandes etapas o enfoques y, sobre todo, dos bien diferenciados intereses y objetivos. Llevaba apenas tres años ejerciendo, cuando se presentó la ocasión de añadir a mi titulación base de Lengua e Inglés, la especialización en Educación Física, que se empezaba a promover en España en aquella época, con la intención final de dotar a los todos los centros de maestros especialistas, cuando se diera el salto decisivo, ya bastante cercano, a la implantación de las distintas especialidades en Primaria en el ámbito y el desarrollo de la nueva reforma de las enseñanzas LOGSE. Logré la nueva titulación y, después de un breve periodo de prácticas, conseguí mi primer destino definitivo como maestro especialista de Educación Física, en el que me mantuve diecisiete largos años. De esa manera, la primera de mis preocupaciones de formación, la más intensa y la más dilatada en el tiempo, ha sido desde el primer momento y hasta casi el final de mi profesión la relacionada con esta nueva condición, a la que se ha sumado toda mi vida esa profunda pasión por el Deporte, sobre todo por el de carácter educativo. Después, las circunstancias de la vida, las nuevas modas y teorías educativas, la singular evolución tecnológica y las demandas de actualización, innovación y perfeccionamiento que vinieran exigiendo tanto la asunción de diferentes responsabilidades directivas, como la incorporación en los últimos años a puestos de Enseñanza Primaria -ya al margen de la Educación Física-, hicieron que tuviera que diversificar sobremanera esos focos y finalidades de formación, hasta acabar desarrollando una febril actividad, significativamente diversificada, y algo desquiciante, si bien bastante centrada en tres campos principales: nuevas tecnologías, calidad educativa y gestión de centros. Vamos a ir desgranando ambas etapas de intereses y formación, así como haciendo una referencia a la formación inicial en la Escuela de Magisterio de Segovia, que «de bien nacidos es ser bien agradecidos».