Así hubiese quedado completamente rellena la famosa y típica «hoja de servicios» de uso en nuestras primeros años de maestro, bastante prolijos en destinos, ya que la provisionalidad y la movilidad eran la tónica, dilatándose entre 8 y 10 cursos la obtención de un destino definitivo. No hay que olvidar tampoco que los de la generación de 1961 nacimos y nos movimos durante toda nuestra etapa de estudiantes en unas relaciones con las Administraciones muy burocrátizadas, en las que cualquier trámite exigía la presentación de pólizas (especie de sello que se compraba en los estancos para satisfacer un impuesto de timbre) e instancias, compulsas, papel timbrado y tratamientos de Ilmo o Excmo.