El idilio entre agua y vino en Tejares tiene todos los ingredientes de un amor imposible, que, plagado de desencuentros, es especialmente significativo en lo que se refiere a la divergencia de sus particulares periodos de abundancia y escasez. Tradicionalmente, a lo largo del siglo pasado, cuando alguno de los residentes en los pueblos limítrofes y cercanos comentaba su intención de venir a Tejares, todo el mundo se apresuraba a recomendarle que no se le ocurriera pedir agua -que no iban a tener-, sino vino, que, a buen seguro, no faltaría en ninguna casa. Y así era. Mientras que el agua era un bien muy escaso, difícil de conseguir, cada casa o familia tenía su pequeña viña (majuelo) y llevaba más o menos cestos de uva a los tres lagares existentes para obtener su correspondiente pellejo de mosto -en proporción a lo aportado-, que acabaría llenando la cuba de esa bodega que no faltaba en prácticamente ninguna casa o en sus aledaños.
Se cuenta, precisamente para reforzar su discordancia -no obstante, convergente en algunos momentos, como es el caso-, que esa necesidad de conservar el vino trajo como sorpresa que, al horadar el terreno y profundizar en él para construir alguna de aquellas bodegas para tal fin, se encontrase a pocos metros ese preciado bien del agua, obligando a que la nueva infraestructura tuviese esa doble función de guardar el vino y manar el agua. De ahí, quizás, esa cursi definición de “Bodegas del Agua”, cuando toda la vida se las ha conocido, sin más, como las Fuentes de Tejares. El caso es que, ya sea por esa constante de sinsabores y despechos o por la simple incompatibilidad de sus designios, en la actualidad nos volvemos a encontrar con una gran paradoja en esa relación agua-vino. En nuestros días, la cultura del vino se ha reavivado y ha adquirido una relevancia singular, sobre todo en la zona de influencia de Tejares, que está, por una parte, enclavada en la denominación de origen «Valtiendas», pero, por otra parte, extraordinariamente cercana a la otra denominación, más apreciada y cotizada, de Ribera del Duero. Pues bien, a día de hoy, Tejares cuenta -y esto sí que sería una magnífica sorpresa para nuestros abuelos y bisabuelos- con un soberano acuífero, que permite incluso distribuir agua a nuestra localidad matriz -Fuentesoto-, pero, por contra, sólo existe una familia que haga vino de cosecha propia y las viñas brillan, lamentablemente, por su ausencia, lo que ya devolvería a la tumba, del impacto, a más de uno de nuestros antepasados, si acaso levantara la cabeza. De los avatares del vino en Tejares ya hablaremos en otro capítulo; aquí y ahora vamos a centrarnos en el agua.
Cartel informativo situado en las inmediaciones de las Fuentes de Tejares