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La ventisca rugía y bramaba, haciendo temblar la choza como si fuese un barco navegante entre las encrespadas olas de un océano embravecido. Los dos se taparon con sus impermeables y, a pesar del viento, lograron conciliar el sueño. pasó el tiempo y el mas joven despertó con la nieve azotándoles el rostro. la puerta estaba abierta de par en par y, agachada encima del viejo Mosaku, había una bella dama que esparcía su aliento, blanco como la nieve cimera. Minokichi se incorporó para ver mejor. La bella aparición le miró también intensamente y el joven tuvo mucho miedo. Por fin sonrió la aparición y le dijo: -Pensaba hacer lo mismo contigo, mas, como eres tan joven, me has dado lástima y te perdonaré. Pero si le dices a alguien una sola palabra de lo que has visto esta noche, te mataré; porque estés donde estés, me enteraré. Acuérdate de lo que te digo. Diciendo esto, dio media vuelta y desapareció inmediatamente. Después el muchacho se levantó, para ver donde se había ido, pero no pudo observar ni rastro de ella. Volvió, llamando al viejo Mosako. Mas en vano. Le tocó con la mano, dándose cuenta de que estaba frío como un témpano: Había muerto. Minokichi fue volviendo al pueblo cuando por el camino se encontró con una bella joven de nombre o-yuki. Por el camino se enamoró de ella y se casaron. Días después, cuando o-yuki estaba haciendo labor, a Minokichi de pronto de le vino la imagen de la noche en que murió Mosaku. O-yuki le preguntó qué le ocurría, pero él no pudo decírselo por la promesa que había hecho. Entonces su mujer tiró la labor al suelo y le confesó que fue ella. Y como la niebla desapareció por la chimenea. Minokichi no volvió a hablar de su mujer ni de lo ocurrido aquel día. |