LA MALDICION DE MACHA
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 En Connacht, hubo dos grandes sucesos: El exilio del gran guerrero llamado Fergus y la misteriosa debilidad que aquejaba a los hombres del Ulster cada vez que su reino se veía amenazado. Esta historia explica como sucedió. La heroína era una muchacha llamada Macha: no una mujer ordinaria, sino una diosa.

Macha era una diosa equivalente a la Epona de los galos y la Riannon (gran reina) de los galeses. Las tres tenían como animal totémico el caballo. Una de sus encarnaciones apareció en el Ulster en la época Céltica ante Crunnchu Mac Agnoman, un buen hombre que además disfrutaba de todos los bienes a que pudiera aspirar: era noble, rico y tenía cuatro hijos. Pero había enviudado y deseaba una nueva esposa. Queriendo complacerle, Macha llegó un día a su casa bajo el aspecto de una bella mujer que, sin decir nada, se puso a su servicio. Organizó el hogar, mandó a los criados, y por la noche se sentó a cenar junto al sobrecogido Crunnchu, que, como buen hombre de su tiempo, no se había atrevido a decirla nada, por temor a que fuera realmente lo que parecía ser: un habitante del más allá, de los que de vez en cuando visitaban a los humanos por algún motivo específico. Así que cenaron en silencio y, a la hora de irse a la cama, ella apagó el fuego y se acostó junto a el. En aquel momento le ofreció "la amistad de sus muslos". 

Como diosa protectora de los equinos - uno de los animales más apreciados por los guerreros celtas- y como mujer enamorada, Macha aumentó la prosperidad de Crunnchu, puesto que el cuadrúpedos, corriendo por las praderas al amanecer, cuando nadie la veía. Para completar el cuadro ideal, pronto se quedó embarazada. Pero si la historia de ambos hubiera sido de verdad feliz, no habría quedado registrada en la memoria...

Sucedió que Crunnchu hubo de asistir a uno de los festivales asambleas anuales alas que acudía todo el mundo, y mas siendo un noble de su categoría. Macha le había rogado que se quedara en casa, advirtiéndolo que, si hablaba a sus amigos y conocidos, acerca de ella, atraería todo tipo de desgracias y hasta su separación. Crunnchu insistió en que no podía dejar de ir, aunque para tranquilizarla prometió no decir ni una palabra sobre su relación. Luego se marchó. El mismo rey del Ulster Conkebar, acompañado de los druidas y los nobles mas importantes del reino, presidía estos festejos. En un momento dado, y para agasajarle, alguien alabó a voz en grito la velocidad de sus caballos, aseverando que no había otros más rápidos en el mundo. Todos asintieron y le dieron la razón..., menos Crunnchu, que, sin poder contenerse, rompió su promesa al afirmar que su mujer corría más que cualquier cuadrúpedo. Contrariado, Conkebar se enfada y le hace detener. Entiende que las palabras del noble son un menosprecio para uno de sus mejores bienes y exige una reparación excesiva: si lo que ha dicho Crunnchu es cierto ella debe demostrarlo, compitiendo con sus caballos en ese mismo instante y delante de todos. Fuerzan a Macha a acudir al festival, so pena de matar a su marido si se resite y, una vez allí, el rey le ordena que corra contra sus animales. De nada sirven sus protestas y sus apelaciones, tanto a Conkebar como al resto de los reunidos, pidiéndoles un plazo para acabar el más que evidente proceso de gestación en el que se encuentra; les recuerda que todos ellos tienen madre y les pregunta cómo se sentirían si alguien obligara a cada una de ellas a una prueba semejante en estado de ingravidez. Pero los ulates están muy excitados por el alcohol y la fiesta y les resulta muy atractivo aquel extravagante reto.

Al fin, Conkebar da un ultimatúm a Macha, que no tiene mas remedio que aceptar la carrera. Traen los caballos entre regocijo general y comienza la competicion, que al apostre resulta ser muy breve.

Ella ganó a los contrincantes por muchos cuerpos de ventaja, sin embargo, al llegar ala meta sufre unos fuertes dolores devidos a que en ese preciso momento dió a luz a dos adorables gemelos y anuncia que es Macha, la hija de Sainrerrth MacImbaith.