Crispin
En un lejano país vivía una ancianita
que pasaba sus días muy felizmente porque sabía que era muy útil a todas las
personas de los alrededores, ya que cuidaba un árbol, cuyos rojos frutos tenían
la virtud de sanar todas las enfermedades.
Hasta su casa acudían personas con toda
clase de enfermedades, cojos sobre todo.
Todos los días contaba los escasos
frutos de aquel árbol mágico, pero un triste día encontró que le faltaba
uno. Alguien le estaba robando sus frutos.
Así que llamó a su nieto mayor, que era
muy fuerte y le pidió que vigilase durante la noche el famoso árbol.
Cuando llegó la noche, este cansado de
tanto hacer ejercicio se quedó dormido y entonces apareció un monstruo
volador, con escamas de pez y dientes y se llevó uno de los frutos mágicos.
Cuando por la mañana la abuela vio a su
nieto dormido y que faltaba uno de los frutos se enfadó un poquito y mando
llamar a su nieta que era muy guapa y muy salada, pero que se pasaba el tiempo
mirándose en el espejo.
La nieta también se quedó dormida
durante la vigilancia y el monstruo volvió a llevarse otro fruto.
A la abuela no le quedó más remedio que
fiarse de Crispín, su nieto más pequeño y con fama de inventor atolondrado.
Algunos de sus inventos habían explotado en sus propias manos.
Crispín colocó un aparato que
enganchado al árbol hacia sonar una campana cuando alguien tocaba cualquier
rama. Así que cuando apareció el misterioso bicho se despertó y le hizo huir
sin llevarse nada en el pico, digo en la boca.
Todos caminamos como la ancianita y
recogemos frutos de los árboles.
Caminamos todos cojeando.
Hacemos como que contamos y ponemos cara
de enfadados
Hacemos ejercicios de fuerza, levantamos
pesos imaginarios.
Volamos todos como si fuéramos el
monstruo.
Nos miramos en el espejo. Nos peinamos
con la mano derecha y luego con la izquierda.
Imitamos a Crispín un chico alegre, que
camina dando saltos.
Todos dormidos somos Crispín que se
despierta sobresaltado al oír el ruido. Nos agachamos cada ver el monstruo pasa
por encima nuestro. (Con una cuerda a la que se ata una pelota cometa
Crispín y sus hermanos decidieron ir en
busca del misterioso bicho, pero este no estaba sólo. Sus amigos el ogro
Revientatripas y el dragón eran aun más temibles.
El ogro se escondía en una cueva, cuya
puerta era una roca que sólo se abría al decir las palabras mágicas: ¡Abre
la boca, roca¡ y en la que no dejaba entrar a nadie.
El dragón persiguió a los dos hermanos
de Crispín hasta que se los comió.
Crispín
también luchó contra el dragón consiguiendo meterle su periscopio en
la boca y así le mató con un cuchillo de mentira, liberando de sus tripas a
sus hermanos. Estos se fueron a casa y Crispín siguió solo buscando al ogro
Revientatripas.
Pero el bosque estaba lleno de elfos,
duendes y hadas que conocían el secreto de la cueva y se lo dijeron a Crispín.
Dijo las palabras mágicas, entró a la cueva y llegó a la cima donde estaba el
ogro. Este deja inconsciente a Crispín.
Por allí pasaba un hada que se encuentra
en el suelo y desmayado a Crispín. La roca le dice que con los frutos mágicos
le podía curar. Así que se fue a por ellos a casa de la abuela y Crispín se
recuperó.
La roca le dijo que el ogro tenía un
miedo espantoso a los monos. Crispín pidió ayuda a los elfos para que se
disfrazaran de monos lunares.
El ogro volvió y al ver a los monos, se
asustó muchísimo y le ofreció a cambio de que los monos le dejaran en paz,
marcharse de ese reino.
Crispín, agradecido por la ayuda de la
roca, le dio un beso. Esta se convirtió en una hermosa princesa. Crispín y la
princesa enamorados bailaron durante todo el día. Y colorín colorado, nos
vamos a otro lado.
Caminamos como un ogro y como un dragón.
Entramos en una cueva formada por unas
mesas, cubiertas por colchonetas.
Jugamos al pilla- pilla y cuando el dragón
toca a uno se pone a la cola como en la cadena.
Volamos como los elfos.
Somos Crispín que está tumbado en el
suelo, hasta que llega el hada y le despierta.
Los niños hacen de monos lunares.
Bailamos al ritmo de la música.