| Introducción |
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| ¿Qué queremos conseguir? | |
| ¿Qué necesitamos? | |
| ¿Cómo nos organizamos? | |
| Bolos de Blascosancho | |
| Bolos del Valle de Tabladillo | |
| Bolo-palma |
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En un tiempo en que los juegos tradicionales están en declive, arrinconados por la imposición y homogeneización de la práctica deportiva que caracteriza al mundo moderno, coincidimos con la intención de mucha gente de rescatarlos del olvido e integrarlos en la actividad escolar, convencidos de su valor educativo, no sólo en el aspecto motriz sino también en el cognitivo, por cuanto supone de reconocimiento de una interesante faceta de la propia cultura de la sociedad en que estamos inmersos. Presentamos aquí algunas modalidades del juego tradicional seguramente más practicado en la geografía nacional y con una aún considerable vigencia en el norte peninsular: los bolos. Con una larga tradición documentada, existen innumerables formas de jugar, podría decirse que casi tantas como localidades en que se practica. Con las debidas adaptaciones estas modalidades se pueden introducir en el programa escolar desde el segundo ciclo de la Educación Primaria.
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Una primera intención sería mejorar el conocimiento de la actividad física tradicional del propio entorno, mediante la práctica de diversas modalidades de juegos tradicionales, en concreto de bolos en el caso que nos ocupa. Partiendo de la aplicación de la habilidad del lanzamiento en una situación de juego, debe servir también esta actividad para contribuir al desarrollo de las habilidades motrices básicas (incluso específicas, atendiendo a la existencia de una técnica especial de lanzamiento en alguna modalidad), aumentando la confianza en las destrezas adquiridas y el interés por mejorar la habilidad motora. Como en cualquier juego, consideramos muy importante el potencial socializador en esta actividad, que ha de manifestarse en múltiples aspectos: participando activamente y cooperando en todas las tareas necesarias para el desarrollo del juego. Respetando las normas y aceptando el resultado, sea favorable o desfavorable, sin menosprecio del contrario, sin manifestar conductas agresivas. Aceptando solidariamente a los demás, independientemente de su sexo, su nivel de destreza o sus características personales o sociales. Mostrando una actitud de diversión, más que de competición. Incidiremos en una actitud responsable en el uso del espacio y de los materiales, que ha de manifestarse en la adopción de medidas de seguridad que minimicen los riesgos que puede entrañar la actividad. Por último, es importante contribuir a la valoración del juego tradicional como una alternativa más para el empleo del tiempo libre.
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Lo ideal es contar con una bolera tradicional, con suelo de tierra batida y delimitada por tablones. En todo caso nos puede servir un terreno más o menos plano, preferentemente de tierra, rectangular, con unas dimensiones aproximadas de 12 a 20 metros de largo y de 3 a 6 metros de ancho, que podremos delimitar mediante líneas. Hacia el centro se colocará la "caja" con los bolos. Es interesante disponer de varios juegos de bolos en caso de contar con grupos numerosos, para reducir en lo posible los “tiempos muertos”. Cada juego constará, según las modalidades, de 6 a 9 bolos más un “miche” o”emboque” y 4 o 6 bolas. En una de las modalidades descritas las bolas se sustituyen por “manecillas” de madera, de forma más o menos troncocónicas y de unos 10 cm. de largo. Si no se tienen de madera en su lugar pueden servir otro tipo de bolos, mazas, etc., o bien se pueden construir con botellas de plástico ligeramente lastradas con arena. Las bolas pueden ser pelotas con un agarre aceptable, con poco bote y no demasiado ligeras. La “caja” donde se colocan los bolos se puede marcar clavando en el suelo chapas (tapas de tarros o similares) de un diámetro que permita asentar sobre ellas los bolos.
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Interesa que el número de participantes en una partida no sea demasiado alto,
para no alargar en exceso el tiempo de espera entre tirada y tirada. Por ello
puede convenir dividir a la clase en dos o tres grupos y trabajar a modo de
circuito abarcando varias modalidades. En cada grupo se formarían equipos no
muy nutridos, a poder ser de 2 o 3 jugadores, procurando que sean lo más homogéneos
posible para que los alumnos no pierdan la motivación.
Los equipos tendrán claramente distribuidas las tareas para agilizar el
desarrollo del juego: se establecerá un turno tanto para lanzar como para
levantar los bolos, así como para recoger las bolas una vez finalizada cada
tirada.
Se comenzará con una explicación sobre las normas del juego y sobre las
medidas de seguridad a adoptar, bien en la misma sesión o bien en una sesión
anterior, sólo oralmente o con un apoyo escrito. Después los alumnos deben
estar en disposición de jugar de manera totalmente autónoma, estableciendo los
turnos de lanzamiento, colocación de los bolos, anotación del resultado, etc.
El papel del profesor, una vez comenzado el juego, debería limitarse a resolver
dudas y dar las indicaciones y sugerencias que considere oportunas sobre
aspectos técnicos o relacionados con las medidas de seguridad. Asimismo,
decidirá sobre el momento más adecuado para introducir
adaptaciones y variantes en la medida en que se vea necesario o se quiera
enriquecer las posibilidades del juego, dejando a los propios jugadores la
posibilidad de opinar y proponer sobre tales adaptaciones.
En todo momento es importante primar el elemento lúdico sobre el competitivo,
por lo que se debe jugar un tiempo suficiente en cada modalidad y no dejar a los
jugadores “con las ganas”. Por ello será recomendable dedicar a la
actividad varias sesiones, si se quieren abarcar suficientemente estas tres
modalidades y su variantes (o cualquier otra diferente de las aquí descritas).
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Tradicionalmente se jugaba con seis bolos, colocados en dos filas de tres, lanzando tres “manecillas”, o piezas troncocónicas de madera de unos 10 centímetros de longitud, desde una “mano” situada a unos 8 metros. Los jugadores apostaban una cantidad de dinero, que se llevaban si conseguían derribar cinco bolos. |
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Podemos jugar de manera individual o por equipos, por ejemplo de dos o tres jugadores. Colocaremos los seis bolos en 2 filas de tres, separados unos 20 cm. Lanzan por turno, desde la mano situada a unos seis o siete metros (distancia variable en función de la edad y capacidad de los jugadores), los miembros de los diferentes equipos, tres manecillas o tres bolas cada uno. Se trata de tirar cinco de los seis bolos entre los tres lanzamientos, no siendo válida la jugada si caen todos o menos de cinco.
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Cada vez que se
consigue la jugada el equipo se anota un punto. Se puede jugar con un límite
de tiempo, siempre teniendo en cuenta que la partida no acabará hasta
que todos los jugadores hayan consumido su turno. |
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VARIANTES: |
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Se trata de otra modalidad de bolos que se practica en algunos pueblos, con algunas variantes de un lugar a otro. Básicamente son las mujeres las que juegan, el día de Santa Águeda.
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Lo tradicional es jugar por parejas, aunque también se puede de manera individual o por equipos algo más numerosos. Se juega con 9 bolos, que se colocan en tres filas en una "caja" cuadrada, con una separación de unos 20 cm. entre ellos y un "miche" o bolo más pequeño que se coloca frente a los bolos, a unos 50 cm. |
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Se lanza desde dos manos situadas en extremos opuestos a unos 6 o 7 m. de la caja. Primero lanzan los jugadores de un equipo, una sola bola cada uno, desde una mano, y a continuación desde la otra.
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Después de cada lanzamiento se levantan los bolos. Cada bolo derribado vale un punto y el miche, 5. La partida se disputa a 25 puntos dos veces. Los 25 primeros son "malos" y los 25 siguientes son "buenos". La partida de los buenos debe terminar en 25 puntos justos. Si se pasa se empieza otra a 8 puntos que también hay que terminar en 8 justos, y así sucesivamente.
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Cuando la bola queda dentro de la "caja" o recuadro de los bolos se llama "chola" y no se cuentan los bolos que haya derribado. |
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VARIANTES:
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Esta modalidad cuenta con un reglamento y unas normas más elaboradas y complejas que otras, por lo que proponemos, para su introducción en la escuela, simplificar las mismas del siguiente modo. |
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La bolera ha de ser de tierra y en su centro se sitúa la “caja”, de forma cuadrada, donde se plantan los bolos, nueve, formando tres filas y separados aproximadamente medio metro. Se juega además con bolas de madera y con otro bolo más pequeño, llamado “emboque”, que se coloca a un lado de la caja. |
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La parte delantera, donde está la mano desde la que se lanza, es el “campo de tiro” y la zona de atrás es el “campo de birle”. Ambas zonas están delimitadas por el eje central de la caja o “raya”. El “fleje” es una línea recta transversal situada entre 1´5 y 2 metros por delante de la raya. La mano se puede situar a unos 6 u 8 m. de la caja. El final del campo de birle deberá estar a una distancia similar. Se puede jugar individualmente o por
equipos. |
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El juego consta de dos fases: “tirar” y “birlar”. Tirar es lanzar las bolas desde la mano a los bolos. Cada jugador
lanza 2 ó 3 bolas. Para que el
lanzamiento sea más efectivo la bola debe ser “trabajada”, lanzada
con efecto: en el momento de soltarla se le imprime con la muñeca un
movimiento de rotación, “a la mano” o “al pulgar”, según nos
interese hacia un lado u otro en función de la ubicación del emboque.
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Las bolas se lanzarán por el aire, de modo que caigan más allá del fleje. Para ser válidas, además deben llegar hasta el campo de birle, que comienza en la raya central de la caja. Son asimismo válidas las que, sin llegar al campo de birle, golpean directamente algún bolo de la primera fila.
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Si una bola válida queda dentro de la caja, se coloca a un lado de la misma para no estorbar.
Si una bola válida es desplazada por una nula, se coloca de
nuevo en su sitio.
Serán bolas nulas:
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Birlar es volver a tirar las bolas válidas desde el lugar en que quedaron hacia los bolos. Para lanzar, el jugador colocará el pie correspondiente a la mano que lanza detrás de la bola.
Cada jugador birlará el número de bolas válidas que consiguió durante la fase de tiro, pero no es obligatorio que sean las mismas.
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El emboque se coloca a un lado de la caja, bien sobre la raya central, a una distancia del bolo más cercano equivalente a la separación entre los mismos, o bien más retrasado (hasta 3 o 4 m.), dentro del campo de birle. Cada dos tiradas completas se cambia al otro lado. Determina una jugada especial, que lleva su nombre, y se consigue cuando la bola lanzada desde la mano derriba el primer bolo de la fila central y el emboque. Esta jugada vale 10 puntos más uno por cada bolo derribado. De ahí la conveniencia de “trabajar” la bola durante el lanzamiento. Cada bolo vale un punto, excepto el “del medio”, que vale dos si cae solo.
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La partida se puede hacer:
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