Para terminar este tema del agua en Tejares, quisiera hacer una aclaración. Cuando decimos que «Tejares era un pueblo que no tenía agua», quizás debiéramos matizar en alguna medida tal afirmación, porque, a la luz de los relatos de las personas más longevas, parecería no responder del todo a la realidad. Tejares no contaba con una corriente de agua con caudal suficiente y regular para todo tipo de funciones, que parece que a lo largo de la historia ha sido la razón fundamental para el asentamiento de las poblaciones. Y este es un hecho irrefutable. Pero, sin embargo, en el pasado, las entonces abundantes lluvias en los periodos más propicios y una serie de circunstancias favorables, facilitaban la existencia de numerosas zonas a lo largo del término en las que existían focos de agua, que, si no permanentes ni inagotables, sí que permitían su uso gran parte del año para dar de beber al ganado y otras tareas domésticas, aparte de la ingesta humana, que, como ya se ha comentado, se hacía básicamente con el agua de las Fuentes. De acuerdo con la información del Instituto Geológico y Minero de España, Fuentesoto y Tejares (este último bastante al límite, prácticamente ya fuera del Páramo de Corcos) quedarían incluidos en la unidad hidrogeológica 02.14 «Páramo del Duratón», que, con unos 230 km 2 de extensión, ocuparía el extremo suroeste de la provincia de Burgos y parte del norte de las provincias de Valladolid y Segovia, enmarcada por los valles de los ríos Duero, Riaza y Duratón. La unidad cuenta con cotas que oscilan entre los 780 metros del valle de Riaza, en las proximidades de Fuentecén, y los 1.013,5 metros del Vértice Geodésico VG 40284 Las Cabezas -prácticamente delimitando los tres términos de Tejares, Castro y San Miguel de Bernuy, al otro lado del Reguero de las Hoces- y los 1.154,7 del Vértice Geodésico VG40295 Pedernillas, en el término de Castro -en la cordillera de Peñas, a la altura del manantial de Los Corchos-. La unidad hidrogeológica está formada por calizas de edad pontiense dispuestas en bancos horizontales con intercalaciones margosas de pequeño espesor. En profundidad aparecen arcillas, limos y margas, constituyendo un paquete de baja permeabilidad. Las calizas, con un importante grado de karstificación, son el soporte físico del acuífero, que tiene carácter colgado y funcionamiento en régimen libre, estando muy influenciado por las precipitaciones y condiciones climatológicas. La escasa información disponible sobre los parámetros hidrogeológicos apunta a una transmisividad muy variable que, en algunas zonas, tan sólo alcanza los 30 m2/día y en otras puede llegar casi a los 500, según la distribución de las fracturas, fisuras y cavidades existentes en las calizas y de su grado de conexión. La recarga de la unidad se realiza fundamentalmente por infiltración directa del agua de lluvia (sobre todo en las zonas de contacto directo con las calizas mesozoicas de la Sierra de Pradales, por trasferencia subterránea al ser más permeables), así como por aportes laterales de las calizas mesozoicas de la unidad limítrofe 02.18 Segovia. La descarga se produce hacia la red de drenaje superficial, mediante pequeños manantiales perimetrales y periféricos situados a menor cota, en el contacto entre los materiales carbonatados de los páramos y los materiales de baja permeabilidad de las Facies Cuestae, vertiendo hacia los ríos Riaza, Duratón y, principalmente, al arroyo Botijas y Chorrón. Estos manantiales son muy numerosos y la mayoría no supera los 5 l/s: solamente cuatro tienen caudales superiores a los 15 l/s, siendo los más importantes "Fuente Hontanguilla", en la Sequera del Haza, con 200-250 l/s, y precisamente el manantial de "Fuentesoto", con unos 40 l/s. También se producen descargas subterráneas de poca entidad hacia los depósitos cuaternarios de poco espesor que rellenan los fondos aluviales de la red de drenaje y por bombeo para cubrir la demanda urbana y de regadío. Su grado de explotación mediante pozos y sondeos es bajo, si bien los manantiales y fuentes se aprovechan para el abastecimiento público y pequeños regadíos. La abundancia de fuentes se pone de manifiesto en la toponimia de varias poblaciones que se sitúan geográficamente en la unidad o en sus bordes: una buena parte incorporan el vocablo "fuente" en su nombre, tales como Fuentecén, Fuentelisendo y Fuentesoto, entre otras. La calidad química del agua subterránea corresponde a aguas bicarbonatadas cálcicas, presentando contenidos medios de carbonatos en torno a los 250 mg/I, cloruros 7,5 mg/I y sulfatos entre 5 y 10 mg/l. Los sólidos disueltos no superan los 460 mg/I, en tanto que los nitratos oscilan entre los 30 y 50 mg/l. En definitiva, teniendo en cuenta las características hidrogeológicas y unas precipitaciones bastante más copiosas que en la actualidad, Tejares contaba, en las épocas estacionales más favorables, con algunos apoyos hídricos en diferentes parajes del término, como así atestiguan los más antiguos de lugar, todas ellas directamente dependientes de los volúmenes de lluvia caída. Silvino Pascual, en su «Glosario Castellano Rural Tradicional», asegura que los tejareños utilizaban a menudo la rima «fuente de la rana, que cuando llueve mana», para aludir a la precariedad que ofrecían estos manantiales, vinculados directamente con el agua de las precipitaciones que, previsiblemente, encontraban alguna beta menos permeable que hacía que se remansasen, saliendo posteriormente al exterior como si manase. Curiosamente, una fuente con ese nombre propio, la Fuente de la Rana, existía en el margen izquierdo del Camino a Torreadrada, casi a la altura de la senda-camino que conducía a la Cantera. Sólo remanaba en torno a los periodos de mayores precipitaciones y actualmente está desaparecida, aunque, después de una profunda limpieza de zarzas, hemos podido descubrir algunas de las piedras que cercaban su poza y posiblemente lo que fuera la principal abertura por la que «manaba» el agua de lluvia, que curiosamente parece haber estado algo activa en algún momento en los últimos años. Los más antiguos -entre ellos Blas Carrascal, fallecido recientemente a los 97 años-, atestiguaban que, para poder beber, debían tumbarse en el suelo y sorber el agua de la pocetilla que se formaba, remansándose el sobrante en una poza más grande bordeada por unas piedras. En épocas muy lluviosas, parece que se desenmascara el relatado fenómeno de la (las) fuente(s) de la rana. De las inclinadas tierras correspondientes a las parcelas situadas en la zona de Los Pozos/Cantuesales/Hontanilla corren las aguas en abundancia hacia el Camino de Torreadrada, generando grandes encharcamientos, que parecen desaguar finalmente a través de una pequeña cascada en las inmediaciones de la Fuente de la Rana. Bueno, parece todo bastante lógico, pero lo que no es muy normal es que esta cascada esté soltando agua con esta intensidad a lo largo de casi tres semanas: Más difícil se adivina la demarcación exacta de un pequeño arroyo que manaba por efecto de las lluvias en la zona de Las Hontanillas, donde se ubicara el depósito antiguo del agua, en lo alto de los Cantuesales -quizás hasta coincidiera con esa concreta ubicación, quién sabe-. Tuvo cierta relevancia para los tejareños en su día y los antiguos lo recuerdan cayendo por la ladera, recorriendo una regadera -aún hoy todavía reconocible-, desembocando por la alcantarilla que atravesaba por debajo de la carretera de Segovia a Aranda, en el Hoyo Benito, y discurriendo desde allí hasta el término de Fuentesoto. Se sabe que las mujeres acudían a lavar la ropa a las lagunas que se formaban por el embalsamiento de este arroyo en los alrededores del Hoyo Benito y, además, se recuerda que allí ocurrió un acontecimiento luctuoso. Allá por los años 40 del anterior siglo, Constantina, una mujer residente en el pueblo, murió ahogada en este arroyo, probablemente debido a un desfallecimiento mientras hacía la colada. Su marido se llamaba Luciano y sus hijos, Ángel, Emiliana, y Fortunato, ya fallecidos; estos dos últimos vivieron hasta hace poco en San Miguel y La Villa, respectivamente. Casi imposible resulta también en estos momentos ubicar con precisión la Fuente de la Ciudarrera (que otros denominan como Gurriadera o Esgurriadera), situada en el primer reguero anterior a las Hoces, a la altura de la Tenada de Ignacio, en un risco alto que vertía el agua en escorrentía hacia una especie de pileta natural ubicada a su pie. Allí bebían los pájaros con ahínco y se cuenta como anécdota que aquellos que acercaban su oreja a un agujero vertical cercano al risco podían oír el sonido interior de una chorrera. Lo cierto es que, recorriendo estos parajes en fechas concretas del excelente ciclo de lluvias que se produjo entre los años 2023 y 2024 (según las mediciones de algunos tejareños, de septiembre a septiembre cayeron más de 1.000 litros por metro cuadrado, unas cifras bastante superiores a lo que estábamos acostumbrados en los últimos años), llegamos a observar fenómenos que bien pudieran asemejarse a aquellos que ocurrieran en épocas pretéritas, que seguramente coincidieran también con años hidrológicos de mayores precipitaciones. En este sentido, más o menos en el lugar por donde, según los mayores, se ubicara en otros tiempos la fuente de la Ciudarrera, llegamos a descubrir esta pequeña cascada de agua: E igualmente resulta muy complicado asegurar cuál de los bodones existentes abajo, ya en el mismísimo reguero, respondería a la ubicación exacta de la denominada Fuente de la Perica, otra de las que manaba con cierta alegría en una zona muy cercana a la anterior, surtida por las aguas de lluvia. Según nos cuentan los antiguos, «manaba o no manaba, pero casi siempre tenía agua». En las Minutas Cartográficas MTN50 (mapas 1:50.000 realizados entre los años 1910 y 1970), también conocidas coloquialmente como los catastrones, figura un arroyo denominado «de Aquarinos», que se ubicaba en la zona del Pico Cigüeña, y que bien podría responder al resultado de las escorrentías de estos manantiales de los que se tiene conocimiento popular. Curiosamente, aparece reflejado dicho arroyo discurriendo junto al Camino de la Fuente (en singular), que, partiendo desde Tejares, llega hasta el Reguero de las Hoces y que, debido a que pasa por la mitad de las Fuentes de Tejares, toda la vida se ha creído que eran éstas las que lo daban nombre, cuando bien pudiera responder a que unía la localidad con el manantial de agua que originaba el Arroyo de Aquarinos. Exactamente igual que en los otros casos, hemos podido comprobar que, tras periodos de fuertes lluvias se forman arroyuelos y estancamientos en diferentes tramos, tanto del Reguero de las Hoces como de los regueros pequeños o adyacentes: Queda constatado también el gran apoyo y alivio que suponían, sobre todo para pastores y agricultores, las aguas que brotaban tras las lluvias en otras fuentes de Castro, como la Maluca y la Salvadora -por citar las más cercanas, ya que Castro cuenta con un buen número de ellas-, que vertían al Reguero de las Hoces y permitían, de esa manera, que, a lo largo de su curso, se dispusiera de regatos de agua intermitentes o discontinuos, en diferentes periodos del año, como se ve en estas fotos: Existe desde antiguo cierta rivalidad local sobre la propiedad de la Fuente de la Maluca, que, aunque brota en Castro, corre y tiene parte de las balsas en el término de Tejares. Hoy día está disputa carece de sentido, porque se trata de conservación, protección y exaltación de nuestro patrimonio e historia, y esas tareas corresponden a los dos pueblos sin distinción. Y no podemos dejar sin mencionar el Hoyo de la Peña, en el Camino de Castro, al comienzo de las estribaciones de las preciosas Peñas de Tejares, uno de los emblemas de la localidad. En este caso, su suelo poco permeable mantenía un charco con el agua retenida tras los periodos de lluvia, que duraba hasta bien entrado el verano y que servía incluso para el baño de los más jóvenes de Tejares, que acudían allí a refrescarse. Desde hace ya bastantes años, está completamente seco, probablemente por haberse generado una zona porosa que deja filtrar el agua. Durante el periodo de fuertes precipitaciones entre los años 2023 y 2024 -en el que incluimos también las dos grandes nevadas que cayeron en Tejares- tuvimos la fortuna de volvernos a encontrar con un Hoyo de la Peña repleto de agua, que, sin embargo, en apenas unos días, volvió a quedarse completamente seco. Una de las nevadas contribuyó de nuevo a llenar el Hoyo de la Peña de agua, que debido a una gran helada que acompañó a la nieve, quedó convertida en hielo durante varios días. Tras el deshielo, el agua volvió a filtrarse y desapareció rápidamente. En esta foto aérea, podemos distinguir las ubicaciones de los diferentes puntos de interés y lugares emblemáticos de Tejares de los que se que se ha hablado en este apartado. Finalmente, sería interesante investigar más en profundidad si alguno de los numerosos pozos existentes en el pueblo pudiera haber contenido agua procedente del subsuelo -aparte del mayoritariamente proveniente de la derivación del agua de lluvia- y en qué medida el aumento de su caudal se debía al agua que presuntamente manaba coincidiendo con épocas de abundantes lluvias. Debajo, podemos observar como el agua de las lluvias acaba ocupando y reivindicando su espacio natural y ancestral. Las retenciones de agua tras las lluvias son corrientes en otros muchos lugares y parajes de la localidad, a la izquierda en el Robledillo y a la derecha en la zona del Madero/Cerro del Espino.
Limpieza de zarzas en el entorno de la poceta de la Fuente de la Rana
Tras el desbroce, aparecen los primeros vestigios de lo que pudo ser la poceta y el punto en el que manaba
El Hoyo Benito desde las eras de Tejares y la alcantarilla -reconstruida-, por la que atravesaba el agua la carretera
Restos de los anclajes de la maquinaria con la que los camineros estuvieron durante algún tiempo picando piedra en el Hoyo Benito y en cuyas cercanías terminaba la regadera para desembocar en la alcantarilla
El arroyo manaba en algún punto de los Cantuesales/La Hontanilla, en las inmediaciones del depósito antiguo, se deslizaba aprovechando el desnivel de la ladera y cogía la regadera situada a los pies del Cerro de las Encinas que bordeaba las tierras de labor del Hoyo Benito, hasta desembocar por la alcantarilla. Cuentan los antiguos que también manaba agua justo debajo del Pinarcillo de Sebas, más o menos a la altura de la esparraguera de la foto de abajo. Durante un tiempo, en época más cercana a la actualidad, tenemos constancia de un regato de agua corriendo por el mismísimo Pinarcillo, pero este se debía al sobrante que, por exceso de bombeo desde la Fuente del Soto, desbordaba el depósito. Cerca de ella, se ve una de las tapas de la conducción de agua desde el depósito antiguo hasta el pueblo.
Restos de la Tenada de Ignacio en el Cerco-Cerro del Peral, y riscos altos cercanos a ella, donde presumiblemente estuviera en su día la Fuente de la Ciudarrera
Posibles lugares donde podría estar ubicada la Fuente de la Perica, en pleno primer reguero
El Reguero de las Hoces en época de lluvias, más cargado cuanto más cerca está de la Maluca
Debajo, fotos recientes de la Maluca seca y en su máximo esplendor. ¡Menuda diferencia!
Arriba, a la izquierda, pozo y pila existentes en el patio de una edificación que existe en El Alforjal y que pertenece a los herederos de Marianín, actualmente semiderruida. Este pozo suele tener agua que no parece provenir de una derivación de las precipitaciones. A la derecha, pozo en la casa del Curato, que también mantiene agua sin tener ninguna canalización activa actualmente. Mi tío Patricio asegura que, cuando vivían mis abuelos Pablo y Lucía en su casa vieja, colindante con esta del Curato, tenían un pequeño pozo interior que, cuando llovía, se llenaba y «el agua iba a buscarlos a la cama», por lo que tenían que levantarse y vaciarle. Abajo, abeldadora situada encima del charco Rubio, que fue cubierto de tierra en su día. A su derecha, podemos comprobar cómo era este charco -lleno y vacío de agua-, antes de ser sellado. Detrás de esta reliquia de la agricultura del siglo pasado había también un pozo, que se usaba, al menos en los últimos años de su existencia, para diferentes menesteres que no estaban relacionados con el agua.
Abajo, acceso desde el Camino de Torreadrada, hito y vistas de la poceta por delante y por detrás
El hundimiento en el Hoyo de la Peña, que propició el embalsamiento de agua de lluvia, así como su propia fisonomía, se deben a la extracción de piedra para las construcciones de la localidad. Aún se pueden distinguir las señales de las barrenas utilizadas para desprender los bloques. En las cercanías del Hoyo la Peña, en el mismo camino de Castro, también eran habituales las concentraciones de agua procedente de la lluvia.
Debajo, la Maluca el 19 de agosto de 2023. Una verdadera sorpresa encontrarse una rana en el poquito agua que todavía mantiene, a pesar de la fuerte sequía de todo el verano, en el que no había caído ni una sola gota
Las marcas de los barrenos han esculpido en la roca unas caprichosas facciones que, de alguna manera, recuerdan a las de una cara humana, que, si se nos permite fantasear un poco, bien pudiéramos considerarla como la del «guardián de las Peñas». Y, además, las podas recientes de los enebros le han añadido el pelo.
Y ya para concluir definitivamente con este largo epígrafe de la historia de Tejares, relacionado con el agua y las fuentes, dejar constancia de otros dos apuntes que no hacen sino añadir incertidumbre e incógnitas a esta dialéctica entre la escasez y la abundancia del agua en nuestro pueblo. Si reconocemos que Tejares debe su nombre y su existencia a la ubicación en su término de una actividad más o menos significativa relacionada con la producción de tejas, debe admitirse que debía contar con cierta abundancia de las dos materias primas fundamentalmente necesarias para su manufactura, que no son otras que la arcilla y, curiosamente, el agua. Daremos otro dato documentado que alimenta esa incertiduembre y enigmática dialéctica en torno a la escasez versus abundancia de agua en Tejares. Si nos volvemos a remitir las Minutas Cartográficas MTN50 o catastrones, nos encontramos con una referencia al Arroyo de los Hoyos Calvos, que acaba atravesando el antiguo Camino de San Miguel de Bernuy, y una nota que marca su «origen» precisamente en el inicio del reguero de los Hoyos Calvos, en lo que hoy día el Catastro denomina «Valdelaszarzas», que acaba confluyendo en Las Presillas con otro reguero más pequeño que comienza en Las Losas, más concretamente en lo que hoy conocemos como «El Colpaldo», donde, curiosamente, hay una sola finca con la denominación «La Fuente». Finalmente, si nos referimos a otro de los pocos documentos escritos, y por tanto fiables, con los que contamos para acreditar datos históricos de nuestro pueblo, debemos dejar constancia de la descripción que se hace de Tejares en el «Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal», de Sebastián de Miñano y Bedoya, que allá por 1826 pone de manifiesto que Tejares «produce pocos granos, muchos pinares, buenas aguas y ganados». Toma ya, por si a alguien todavía le seguía cabiendo alguna duda.