Para
terminar
este
tema
del
agua
en
Tejares,
quisiera
hacer
una
aclaración.
Cuando
decimos
que
«Tejares
era
un
pueblo
que
no
tenía
agua»,
quizás
debiéramos
matizar
en
alguna
medida
tal
afirmación,
porque,
a
la
luz
de
los
relatos
de
las
personas
más
longevas,
parecería no responder del todo a la realidad.
Tejares
no
contaba
con
una
corriente
de
agua
con
caudal
suficiente
y
regular
para
todo
tipo
de
funciones,
que
parece
que
a
lo
largo
de
la
historia
ha
sido
la
razón
fundamental
para el asentamiento de las poblaciones. Y este es un hecho irrefutable.
Pero,
sin
embargo,
en
el
pasado,
las
entonces
abundantes
lluvias
en
los
periodos
más
propicios
y
una
serie
de
circunstancias
favorables,
facilitaban
la
existencia
de
numerosas
zonas
a
lo
largo
del
término
en
las
que
existían
focos
de
agua,
que,
si
no
permanentes
ni
inagotables,
sí
que
permitían
su
uso
gran
parte
del
año
para
dar
de
beber
al
ganado
y
otras
tareas
domésticas,
aparte
de
la
ingesta
humana,
que,
como
ya
se
ha
comentado,
se
hacía básicamente con el agua de las Fuentes.
De
acuerdo
con
la
información
del
Instituto
Geológico
y
Minero
de
España,
Fuentesoto
y
Tejares
(este
último
bastante
al
límite,
prácticamente
ya
fuera
del
Páramo
de
Corcos)
quedarían
incluidos
en
la
unidad
hidrogeológica
02.14
«Páramo
del
Duratón»,
que,
con
unos
230
km
2
de
extensión,
ocuparía
el
extremo
suroeste
de
la
provincia
de
Burgos
y
parte
del
norte
de
las
provincias
de
Valladolid
y
Segovia,
enmarcada
por
los
valles
de
los
ríos
Duero,
Riaza
y
Duratón.
La
unidad
cuenta
con
cotas
que
oscilan
entre
los
780
metros
del
valle
de
Riaza,
en
las
proximidades
de
Fuentecén,
y
los
1.013,5
metros
del
Vértice
Geodésico
VG
40284
Las
Cabezas
-prácticamente
delimitando
los
tres
términos
de
Tejares,
Castro
y
San
Miguel
de
Bernuy,
al
otro
lado
del
Reguero
de
las
Hoces-
y
los
1.154,7
del
Vértice
Geodésico
VG40295
Pedernillas,
en
el
término
de
Castro
-en
la
cordillera
de
Peñas,
a la altura del manantial de Los Corchos-.
La
unidad
hidrogeológica
está
formada
por
calizas
de
edad
pontiense
dispuestas
en
bancos
horizontales
con
intercalaciones
margosas
de
pequeño
espesor.
En
profundidad
aparecen
arcillas,
limos
y
margas,
constituyendo
un
paquete
de
baja
permeabilidad.
Las
calizas,
con
un
importante
grado
de
karstificación,
son
el
soporte
físico
del
acuífero,
que
tiene
carácter
colgado
y
funcionamiento
en
régimen
libre,
estando
muy
influenciado
por
las precipitaciones y condiciones climatológicas.
La
escasa
información
disponible
sobre
los
parámetros
hidrogeológicos
apunta
a
una
transmisividad
muy
variable
que,
en
algunas
zonas,
tan
sólo
alcanza
los
30
m2/día
y
en
otras
puede
llegar
casi
a
los
500,
según
la
distribución
de
las
fracturas,
fisuras
y
cavidades
existentes en las calizas y de su grado de conexión.
La
recarga
de
la
unidad
se
realiza
fundamentalmente
por
infiltración
directa
del
agua
de
lluvia
(sobre
todo
en
las
zonas
de
contacto
directo
con
las
calizas
mesozoicas
de
la
Sierra
de
Pradales,
por
trasferencia
subterránea
al
ser
más
permeables),
así
como
por
aportes laterales de las calizas mesozoicas de la unidad limítrofe 02.18 Segovia.
La
descarga
se
produce
hacia
la
red
de
drenaje
superficial,
mediante
pequeños
manantiales
perimetrales
y
periféricos
situados
a
menor
cota,
en
el
contacto
entre
los
materiales
carbonatados
de
los
páramos
y
los
materiales
de
baja
permeabilidad
de
las
Facies
Cuestae,
vertiendo
hacia
los
ríos
Riaza,
Duratón
y,
principalmente,
al
arroyo
Botijas
y Chorrón.
Estos
manantiales
son
muy
numerosos
y
la
mayoría
no
supera
los
5
l/s:
solamente
cuatro
tienen
caudales
superiores
a
los
15
l/s,
siendo
los
más
importantes
"Fuente
Hontanguilla",
en
la
Sequera
del
Haza,
con
200-250
l/s,
y
precisamente
el
manantial
de
"Fuentesoto",
con
unos
40
l/s.
También
se
producen
descargas
subterráneas
de
poca
entidad
hacia
los
depósitos
cuaternarios
de
poco
espesor
que
rellenan
los
fondos
aluviales de la red de drenaje y por bombeo para cubrir la demanda urbana y de regadío.
Su
grado
de
explotación
mediante
pozos
y
sondeos
es
bajo,
si
bien
los
manantiales
y
fuentes
se
aprovechan
para
el
abastecimiento
público
y
pequeños
regadíos.
La
abundancia
de
fuentes
se
pone
de
manifiesto
en
la
toponimia
de
varias
poblaciones
que
se
sitúan
geográficamente
en
la
unidad
o
en
sus
bordes:
una
buena
parte
incorporan
el
vocablo
"fuente"
en
su
nombre,
tales
como
Fuentecén,
Fuentelisendo
y
Fuentesoto,
entre
otras.
La
calidad
química
del
agua
subterránea
corresponde
a
aguas
bicarbonatadas
cálcicas,
presentando
contenidos
medios
de
carbonatos
en
torno
a
los
250
mg/I,
cloruros
7,5
mg/I
y
sulfatos
entre
5
y
10
mg/l.
Los
sólidos
disueltos
no
superan
los
460
mg/I,
en
tanto
que
los
nitratos oscilan entre los 30 y 50 mg/l.
En
definitiva,
teniendo
en
cuenta
las
características
hidrogeológicas
y
unas
precipitaciones
bastante
más
copiosas
que
en
la
actualidad,
Tejares
contaba,
en
las
épocas
estacionales
más
favorables,
con
algunos
apoyos
hídricos
en
diferentes
parajes
del
término,
como
así
atestiguan
los
más
antiguos
de
lugar,
todas
ellas
directamente
dependientes de los volúmenes de lluvia caída.
Silvino
Pascual,
en
su
«Glosario
Castellano
Rural
Tradicional»,
asegura
que
los
tejareños
utilizaban
a
menudo
la
rima
«fuente
de
la
rana,
que
cuando
llueve
mana»,
para
aludir
a
la
precariedad
que
ofrecían
estos
manantiales,
vinculados
directamente
con
el
agua
de
las
precipitaciones
que,
previsiblemente,
encontraban
alguna
beta
menos
permeable
que
hacía
que
se
remansasen,
saliendo
posteriormente
al
exterior
como
si
manase.
Curiosamente,
una
fuente
con
ese
nombre
propio,
la
Fuente
de
la
Rana,
existía
en
el
margen
izquierdo
del
Camino
a
Torreadrada,
casi
a
la
altura
de
la
senda-camino
que
conducía
a
la
Cantera.
Sólo
remanaba
en
torno
a
los
periodos
de
mayores
precipitaciones
y
actualmente
está
desaparecida,
aunque,
después
de
una
profunda
limpieza
de
zarzas,
hemos
podido
descubrir
algunas
de
las
piedras
que
cercaban
su
poza
y
posiblemente
lo
que
fuera
la
principal
abertura
por
la
que
«manaba»
el
agua
de
lluvia,
que
curiosamente
parece
haber
estado
algo
activa
en
algún
momento
en
los
últimos
años.
Los
más
antiguos
-entre
ellos
Blas
Carrascal,
fallecido
recientemente
a
los
97
años-,
atestiguaban
que,
para
poder
beber,
debían
tumbarse
en
el
suelo
y
sorber
el
agua
de
la
pocetilla
que
se
formaba,
remansándose el sobrante en una poza más grande bordeada por unas piedras.
En
épocas
muy
lluviosas,
parece
que
se
desenmascara
el
relatado
fenómeno
de
la
(las)
fuente(s)
de
la
rana.
De
las
inclinadas
tierras
correspondientes
a
las
parcelas
situadas
en
la
zona
de
Los
Pozos/Cantuesales/Hontanilla
corren
las
aguas
en
abundancia
hacia
el
Camino
de
Torreadrada,
generando
grandes
encharcamientos,
que
parecen
desaguar
finalmente a través de una pequeña cascada en las inmediaciones de la Fuente de la Rana.
Bueno,
parece
todo
bastante
lógico,
pero
lo
que
no
es
muy
normal
es
que
esta
cascada
esté soltando agua con esta intensidad a lo largo de casi tres semanas:
Más
difícil
se
adivina
la
demarcación
exacta
de
un
pequeño
arroyo
que
manaba
por
efecto
de
las
lluvias
en
la
zona
de
Las
Hontanillas,
donde
se
ubicara
el
depósito
antiguo
del
agua,
en
lo
alto
de
los
Cantuesales
-quizás
hasta
coincidiera
con
esa
concreta
ubicación,
quién
sabe-.
Tuvo
cierta
relevancia
para
los
tejareños
en
su
día
y
los
antiguos
lo
recuerdan
cayendo
por
la
ladera,
recorriendo
una
regadera
-aún
hoy
todavía
reconocible-,
desembocando
por
la
alcantarilla
que
atravesaba
por
debajo
de
la
carretera
de
Segovia
a
Aranda,
en
el
Hoyo
Benito,
y
discurriendo
desde
allí
hasta
el
término
de
Fuentesoto.
Se
sabe
que
las
mujeres
acudían
a
lavar
la
ropa
a
las
lagunas
que
se
formaban
por
el
embalsamiento
de
este
arroyo
en
los
alrededores
del
Hoyo
Benito
y,
además,
se
recuerda
que
allí
ocurrió
un
acontecimiento
luctuoso.
Allá
por
los
años
40
del
anterior
siglo,
Constantina,
una
mujer
residente
en
el
pueblo,
murió
ahogada
en
este
arroyo,
probablemente
debido
a
un
desfallecimiento
mientras
hacía
la
colada.
Su
marido
se
llamaba
Luciano
y
sus
hijos,
Ángel,
Emiliana,
y
Fortunato,
ya
fallecidos;
estos
dos
últimos
vivieron hasta hace poco en San Miguel y La Villa, respectivamente.
Casi
imposible
resulta
también
en
estos
momentos
ubicar
con
precisión
la
Fuente
de
la
Ciudarrera
(que
otros
denominan
como
Gurriadera
o
Esgurriadera),
situada
en
el
primer
reguero
anterior
a
las
Hoces,
a
la
altura
de
la
Tenada
de
Ignacio,
en
un
risco
alto
que
vertía
el
agua
en
escorrentía
hacia
una
especie
de
pileta
natural
ubicada
a
su
pie.
Allí
bebían
los
pájaros
con
ahínco
y
se
cuenta
como
anécdota
que
aquellos
que
acercaban
su
oreja
a
un
agujero vertical cercano al risco podían oír el sonido interior de una chorrera.
Lo
cierto
es
que,
recorriendo
estos
parajes
en
fechas
concretas
del
excelente
ciclo
de
lluvias
que
se
produjo
entre
los
años
2023
y
2024
(según
las
mediciones
de
algunos
tejareños,
de
septiembre
a
septiembre
cayeron
más
de
1.000
litros
por
metro
cuadrado,
unas
cifras
bastante
superiores
a
lo
que
estábamos
acostumbrados
en
los
últimos
años),
llegamos
a
observar
fenómenos
que
bien
pudieran
asemejarse
a
aquellos
que
ocurrieran
en
épocas
pretéritas,
que
seguramente
coincidieran
también
con
años
hidrológicos
de
mayores
precipitaciones.
En
este
sentido,
más
o
menos
en
el
lugar
por
donde,
según
los
mayores,
se
ubicara
en
otros
tiempos
la
fuente
de
la
Ciudarrera,
llegamos
a
descubrir
esta
pequeña cascada de agua:
E
igualmente
resulta
muy
complicado
asegurar
cuál
de
los
bodones
existentes
abajo,
ya
en
el
mismísimo
reguero,
respondería
a
la
ubicación
exacta
de
la
denominada
Fuente
de
la
Perica,
otra
de
las
que
manaba
con
cierta
alegría
en
una
zona
muy
cercana
a
la
anterior,
surtida
por
las
aguas
de
lluvia.
Según
nos
cuentan
los
antiguos,
«manaba
o
no
manaba, pero casi siempre tenía agua».
En
las
Minutas
Cartográficas
MTN50
(mapas
1:50.000
realizados
entre
los
años
1910
y
1970),
también
conocidas
coloquialmente
como
los
catastrones,
figura
un
arroyo
denominado
«de
Aquarinos»,
que
se
ubicaba
en
la
zona
del
Pico
Cigüeña,
y
que
bien
podría
responder
al
resultado
de
las
escorrentías
de
estos
manantiales
de
los
que
se
tiene
conocimiento
popular.
Curiosamente,
aparece
reflejado
dicho
arroyo
discurriendo
junto
al
Camino
de
la
Fuente
(en
singular),
que,
partiendo
desde
Tejares,
llega
hasta
el
Reguero
de
las
Hoces
y
que,
debido
a
que
pasa
por
la
mitad
de
las
Fuentes
de
Tejares,
toda
la
vida
se
ha
creído
que
eran
éstas
las
que
lo
daban
nombre,
cuando
bien
pudiera
responder
a
que
unía la localidad con el manantial de agua que originaba el Arroyo de Aquarinos.
Exactamente
igual
que
en
los
otros
casos,
hemos
podido
comprobar
que,
tras
periodos
de
fuertes
lluvias
se
forman
arroyuelos
y
estancamientos
en
diferentes
tramos,
tanto
del
Reguero de las Hoces como de los regueros pequeños o adyacentes:
Queda
constatado
también
el
gran
apoyo
y
alivio
que
suponían,
sobre
todo
para
pastores
y
agricultores,
las
aguas
que
brotaban
tras
las
lluvias
en
otras
fuentes
de
Castro,
como
la
Maluca
y
la
Salvadora
-por
citar
las
más
cercanas,
ya
que
Castro
cuenta
con
un
buen
número
de
ellas-,
que
vertían
al
Reguero
de
las
Hoces
y
permitían,
de
esa
manera,
que,
a
lo
largo
de
su
curso,
se
dispusiera
de
regatos
de
agua
intermitentes
o
discontinuos,
en diferentes periodos del año, como se ve en estas fotos:
Existe
desde
antiguo
cierta
rivalidad
local
sobre
la
propiedad
de
la
Fuente
de
la
Maluca,
que,
aunque
brota
en
Castro,
corre
y
tiene
parte
de
las
balsas
en
el
término
de
Tejares.
Hoy
día
está
disputa
carece
de
sentido,
porque
se
trata
de
conservación,
protección
y
exaltación
de
nuestro
patrimonio
e
historia,
y
esas
tareas
corresponden
a
los
dos
pueblos
sin distinción.
Y
no
podemos
dejar
sin
mencionar
el
Hoyo
de
la
Peña,
en
el
Camino
de
Castro,
al
comienzo
de
las
estribaciones
de
las
preciosas
Peñas
de
Tejares,
uno
de
los
emblemas
de
la
localidad.
En
este
caso,
su
suelo
poco
permeable
mantenía
un
charco
con
el
agua
retenida
tras
los
periodos
de
lluvia,
que
duraba
hasta
bien
entrado
el
verano
y
que
servía
incluso
para
el
baño
de
los
más
jóvenes
de
Tejares,
que
acudían
allí
a
refrescarse.
Desde
hace
ya
bastantes
años,
está
completamente
seco,
probablemente
por
haberse
generado
una zona porosa que deja filtrar el agua.
Durante
el
periodo
de
fuertes
precipitaciones
entre
los
años
2023
y
2024
-en
el
que
incluimos
también
las
dos
grandes
nevadas
que
cayeron
en
Tejares-
tuvimos
la
fortuna
de
volvernos
a
encontrar
con
un
Hoyo
de
la
Peña
repleto
de
agua,
que,
sin
embargo,
en
apenas unos días, volvió a quedarse completamente seco.
Una
de
las
nevadas
contribuyó
de
nuevo
a
llenar
el
Hoyo
de
la
Peña
de
agua,
que
debido
a
una
gran
helada
que
acompañó
a
la
nieve,
quedó
convertida
en
hielo
durante
varios
días.
Tras el deshielo, el agua volvió a filtrarse y desapareció rápidamente.
En
esta
foto
aérea,
podemos
distinguir
las
ubicaciones
de
los
diferentes
puntos
de
interés
y lugares emblemáticos de Tejares de los que se que se ha hablado en este apartado.
Finalmente,
sería
interesante
investigar
más
en
profundidad
si
alguno
de
los
numerosos
pozos
existentes
en
el
pueblo
pudiera
haber
contenido
agua
procedente
del
subsuelo
-aparte
del
mayoritariamente
proveniente
de
la
derivación
del
agua
de
lluvia-
y
en
qué
medida
el
aumento
de
su
caudal
se
debía
al
agua
que
presuntamente
manaba
coincidiendo con épocas de abundantes lluvias.
Debajo,
podemos
observar
como
el
agua
de
las
lluvias
acaba
ocupando
y
reivindicando
su
espacio
natural
y
ancestral.
Las
retenciones
de
agua
tras
las
lluvias
son
corrientes
en
otros
muchos
lugares
y
parajes
de
la
localidad,
a
la
izquierda en el Robledillo y a la derecha en la zona del Madero/Cerro del Espino.
Limpieza de zarzas en el entorno de la poceta de la Fuente de la Rana
Tras el desbroce, aparecen los primeros vestigios de lo que pudo ser la poceta y el punto en el que manaba
El Hoyo Benito desde las eras de Tejares y la alcantarilla -reconstruida-, por la que atravesaba el agua la carretera
Restos
de
los
anclajes
de
la
maquinaria
con
la
que
los
camineros
estuvieron
durante
algún
tiempo
picando
piedra en el Hoyo Benito y en cuyas cercanías terminaba la regadera para desembocar en la alcantarilla
El
arroyo
manaba
en
algún
punto
de
los
Cantuesales/La
Hontanilla,
en
las
inmediaciones
del
depósito
antiguo,
se
deslizaba
aprovechando
el
desnivel
de
la
ladera
y
cogía
la
regadera
situada
a
los
pies
del
Cerro
de
las
Encinas
que
bordeaba
las
tierras
de
labor
del
Hoyo
Benito,
hasta
desembocar
por
la
alcantarilla.
Cuentan
los
antiguos
que
también
manaba
agua
justo
debajo
del
Pinarcillo
de
Sebas,
más
o
menos
a
la
altura
de
la
esparraguera
de
la
foto
de
abajo.
Durante
un
tiempo,
en
época
más
cercana
a
la
actualidad,
tenemos
constancia
de
un
regato
de
agua
corriendo
por
el
mismísimo
Pinarcillo,
pero
este
se
debía
al
sobrante
que,
por
exceso
de
bombeo
desde
la
Fuente
del
Soto,
desbordaba
el
depósito.
Cerca
de
ella,
se
ve
una
de
las
tapas
de
la
conducción
de
agua
desde
el
depósito antiguo hasta el pueblo.
Restos
de
la
Tenada
de
Ignacio
en
el
Cerco-Cerro
del
Peral,
y
riscos
altos
cercanos
a
ella,
donde
presumiblemente estuviera en su día la Fuente de la Ciudarrera
Posibles lugares donde podría estar ubicada la Fuente de la Perica, en pleno primer reguero
El Reguero de las Hoces en época de lluvias, más cargado cuanto más cerca está de la Maluca
Debajo, fotos recientes de la Maluca seca y en su máximo esplendor. ¡Menuda diferencia!
Arriba,
a
la
izquierda,
pozo
y
pila
existentes
en
el
patio
de
una
edificación
que
existe
en
El
Alforjal
y
que
pertenece
a
los
herederos
de
Marianín,
actualmente
semiderruida.
Este
pozo
suele
tener
agua
que
no
parece
provenir
de
una
derivación
de
las
precipitaciones.
A
la
derecha,
pozo
en
la
casa
del
Curato,
que
también
mantiene
agua
sin
tener
ninguna
canalización
activa
actualmente.
Mi
tío
Patricio
asegura
que,
cuando
vivían
mis
abuelos
Pablo
y
Lucía
en
su
casa
vieja,
colindante
con
esta
del
Curato,
tenían
un
pequeño
pozo
interior
que,
cuando
llovía,
se
llenaba
y
«el
agua
iba
a
buscarlos
a
la
cama»,
por
lo
que
tenían
que
levantarse
y
vaciarle.
Abajo,
abeldadora
situada
encima
del
charco
Rubio,
que
fue
cubierto
de
tierra
en
su
día.
A
su
derecha,
podemos
comprobar
cómo
era
este
charco
-lleno
y
vacío
de
agua-,
antes
de
ser
sellado.
Detrás
de
esta
reliquia
de
la
agricultura
del
siglo
pasado
había
también
un
pozo,
que
se
usaba,
al
menos
en
los
últimos
años
de
su
existencia,
para diferentes menesteres que no estaban relacionados con el agua.
Abajo, acceso desde el Camino de Torreadrada, hito y vistas de la poceta por delante y por detrás
El
hundimiento
en
el
Hoyo
de
la
Peña,
que
propició
el
embalsamiento
de
agua
de
lluvia,
así
como
su
propia
fisonomía,
se
deben
a
la
extracción
de
piedra
para
las
construcciones
de
la
localidad.
Aún
se
pueden
distinguir
las
señales
de
las
barrenas
utilizadas
para
desprender
los
bloques.
En
las
cercanías
del
Hoyo
la
Peña,
en
el
mismo camino de Castro, también eran habituales las concentraciones de agua procedente de la lluvia.
Debajo,
la
Maluca
el
19
de
agosto
de
2023.
Una
verdadera
sorpresa
encontrarse
una
rana
en
el
poquito
agua
que todavía mantiene, a pesar de la fuerte sequía de todo el verano, en el que no había caído ni una sola gota
Las
marcas
de
los
barrenos
han
esculpido
en
la
roca
unas
caprichosas
facciones
que,
de
alguna
manera,
recuerdan
a
las
de
una
cara
humana,
que,
si
se
nos
permite
fantasear
un
poco,
bien
pudiéramos
considerarla
como la del «guardián de las Peñas». Y, además, las podas recientes de los enebros le han añadido el pelo.
Y
ya
para
concluir
definitivamente
con
este
largo
epígrafe
de
la
historia
de
Tejares,
relacionado
con
el
agua
y
las
fuentes,
dejar
constancia
de
otros
dos
apuntes
que
no
hacen
sino
añadir
incertidumbre
e
incógnitas
a
esta
dialéctica
entre
la
escasez
y
la
abundancia del agua en nuestro pueblo.
Si
reconocemos
que
Tejares
debe
su
nombre
y
su
existencia
a
la
ubicación
en
su
término
de
una
actividad
más
o
menos
significativa
relacionada
con
la
producción
de
tejas,
debe
admitirse
que
debía
contar
con
cierta
abundancia
de
las
dos
materias
primas
fundamentalmente
necesarias
para
su
manufactura,
que
no
son
otras
que
la
arcilla
y,
curiosamente, el agua.
Daremos
otro
dato
documentado
que
alimenta
esa
incertiduembre
y
enigmática
dialéctica
en
torno
a
la
escasez
versus
abundancia
de
agua
en
Tejares.
Si
nos
volvemos
a
remitir
las
Minutas
Cartográficas
MTN50
o
catastrones,
nos
encontramos
con
una
referencia
al
Arroyo
de
los
Hoyos
Calvos,
que
acaba
atravesando
el
antiguo
Camino
de
San
Miguel
de
Bernuy,
y
una
nota
que
marca
su
«origen»
precisamente
en
el
inicio
del
reguero
de
los
Hoyos
Calvos,
en
lo
que
hoy
día
el
Catastro
denomina
«Valdelaszarzas»,
que
acaba
confluyendo
en
Las
Presillas
con
otro
reguero
más
pequeño
que
comienza
en
Las
Losas,
más
concretamente
en
lo
que
hoy
conocemos
como
«El
Colpaldo»,
donde,
curiosamente, hay una sola finca con la denominación «La Fuente».
Finalmente,
si
nos
referimos
a
otro
de
los
pocos
documentos
escritos,
y
por
tanto
fiables,
con
los
que
contamos
para
acreditar
datos
históricos
de
nuestro
pueblo,
debemos
dejar
constancia
de
la
descripción
que
se
hace
de
Tejares
en
el
«Diccionario
Geográfico-Estadístico
de
España
y
Portugal»,
de
Sebastián
de
Miñano
y
Bedoya,
que
allá
por
1826
pone
de
manifiesto
que
Tejares
«produce
pocos
granos,
muchos
pinares,
buenas
aguas
y ganados». Toma ya, por si a alguien todavía le seguía cabiendo alguna duda.